Diógenes vs Alejandro Magno

Actualmente está muy en boga la patología conocida como el Síndrome de Diógenes, que se caracteriza por recoger y guardar basura, por considerar que todas esas posesiones son importantes y que algún día nos pueden servir. Suele ocurrir sobre todo en personas mayores

“En estos pacientes subyacen una serie de enfermedades como demencia, cuadros psicóticos, trastornos obsesivos o personalidad con rasgos paranoides que les lleva a vivir en esas condiciones”, señala Javier Gómez Pavón, Secretario General de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología.

Diógenes de Sínope ha pasado a la fama por este síndrome, pero realmente él no tenía pertenencias, todo lo contrario, era un austero. Vivió como un vagabundo en las calles de Atenas, convirtiendo la pobreza extrema en una virtud. Se dice que vivía en una tinaja, en lugar de una casa, y que de día caminaba por las calles con una lámpara encendida diciendo que “buscaba hombres” (honestos). Sus únicas pertenencias eran: un manto, un zurrón, un báculo y un cuenco (hasta que un día vio que un niño bebía el agua que recogía con sus manos y se desprendió de él). El sabio debe tender a liberarse de sus deseos y reducir al mínimo sus necesidades.

De todas las anécdotas que se cuentan sobre él, la que más me gusta sin duda, es la siguiente:

Era tan grande su fama que un día el rey Alejandro Magno, movido por la curiosidad fue a visitarlo. El pueblo ateniense, conocedor del descaro de Diógenes se congregó en torno a ellos. El rey se puso delante del filósofo y le dijo: “Soy Alejandro Magno” a lo que responde Diógenes: “Y yo Diógenes el perro”

Hubo murmullos porque nadie se atrevía así a hablarle al rey. Alejandro, sin embargo,  pregunta: “¿Por qué te llaman Diógenes el perro?” a lo que le responde Diógenes: “Porque alabo a los que me dan, ladro a los que no me dan y a los malos les muerdo”, de nuevo hubo más murmullos; pero Alejandro no se deja inmutar por esas respuestas y le dice:

“Pídeme lo que quieras”, por lo que sin inmutarse Diógenes le contesta: “Quítate de donde estas que me tapas el sol”; por lo que se hace una exclamación generalizada de todos los presentes ante una petición tan pobre a un hombre que todo lo podía dar, Alejandro sorprendido realmente le pregunta: ¿No me temes? a lo que Diógenes le contesta con gran aplomo con otra pregunta: “Gran Alejandro, ¿te consideras un buen o un mal hombre?”, a lo que Alejandro le responde: “Me considero un buen hombre”, por lo que Diógenes le dice: “Entonces… ¿por qué habría de temerte?” siendo esta una respuesta muy sincera de nuestro filósofo. Toda la gente está decididamente escandalizada, entonces Alejandro pide silencio y dice: “Silencio… sabéis lo que les digo a todos ustedes, que si no fuera Alejandro me gustaría ser Diógenes”.

En otra ocasión, Alejandro encontró al filósofo mirando atentamente una pila de huesos humanos. Diógenes dijo: “Estoy buscando los huesos de tu padre, pero no puedo distinguirlos de los de un esclavo”.

 

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