¿El dinero da la felicidad?

¿Cuantas veces hemos escuchado esta pregunta? Podría ser candidata a la pregunta del siglo o incluso del milenio. Además, es curioso observar la cantidad de opiniones dispares que existen acerca de esta cuestión.

Lo que está claro, que primero habría que comprender qué es la felicidad y lo que es más importante, qué entiende cada uno por felicidad. Evidentemente, para algunos estar relajados en contacto con la naturaleza y sin ningún ruido puede ser una fuente de felicidad y no necesariamente hay que ser rico para obtenerlo. Sin embargo otras personas pueden pensar que eso es lo más tedioso del mundo y que lo que realmente les hace feliz es cenar en los mejores restaurantes de su ciudad.

Dentro de la psicología se encuentran ciertas coincidencias dentro de las opiniones de los expertos.

  • El dinero sí da la felicidad, hasta que tengamos colmadas nuestras necesidades básicas. (entiéndase alimentación, un piso donde vivir, seguridad)
  • Una vez alcanzado dicho umbral, más dinero no implica más felicidad, y muchas veces incluso lo contrario.

(Según el estudio de Sheldon, Elliot, Kim y Kasser 2001)

Además la riqueza no es un buen predictor del nivel de bienestar subjetivo. Podemos ver como por regla general ciudadanos de países más pobres, por ejemplo del Caribe, suelen tener una cultura más orientada hacia el disfrute.

Daniel Kanheman, psicólogo y premio nobel de economía en el año 2002 dice: una vez que tenemos satisfechas nuestras necesidades más básicas, la felicidad no procede de mayores ingresos económicos, sino del desarrollo individual y la realización en un entorno social donde impere la justicia.

En el siguiente gráfico vemos como en una encuesta en los estados unidos el incremento de ingresos a lo largo de los años no ha repercutido en una mayor felicidad una vez mayor.

7-0

(Layard 2005a)

En este otro gráfico se ven comparados varios países, ricos y pobres, y podemos observar que si bien en países ricos se observa una tendencia a la felicidad, también podemos ver a países como Ghana que están casi al nivel de Austria en felicidad.

(Layard 2005a)

Puesto que somos homo economicus (como nos define Kahneman), una vez que tenemos nuestro bienestar básico, lo mejor y más inteligente, es apostar por nuestro desarrollo tanto intelectual como psicológico, para obtener nuestro estado de felicidad, que nos acompañe en esta vida y nos permita disfrutarla, sin preocupaciones materiales.

Para finalizar, el pensamiento de mucha gente, tras haber leído este artículo 🙂

Para saber más: ECONOMIA Y FELICIDAD: Acerca de la relación entre bienestar material y bienestar subjetivo. Miren Maite Ansa Eceiza  Ansa_Eceiza

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