La niña que desmontó el Reiki

Últimamente se está extendiendo la práctica del Reiki a ámbitos clínicos, dándose incluso en hospitales españoles como sanación complementaria. Sobre todo se aplica a pacientes con cáncer donde el tratamiento normal no hace efecto. Se escudan en que el reiki “no hace daño” y es solo complementario. Nosotros, solo aportamos datos.

Emily Rosa era una chica de apenas 10 años pero que tenía una mente abierta con ganas de descubrir cosas. Un día se encontró con un video que la dejó fascinada, se trataba de una demostración de Reiki: donde aparecía una profesional (Dolores Krieger, inventora del toque terapéutico, como se conoce al Reiki en EEUU) que proclamaba que era capaz de curar con las manos. Dolores esperaba ganar el nobel de medicina con su tratamiento. En dicho video, decía, que el cuerpo humano posee ciertos canales energéticos, que ella era capaz de notarlo con las manos y que, si en algún momento, dichos canales se obstruían, es entonces cuando aparecen enfermedades. Sólo una persona con la capacidad de reconstruir y sanar dichos canales puede devolverle la salud al enfermo.

Emily se quedó fascinada, eso supondría una revolución en medicina. Aquello tendría que comprobarlo por si misma, por lo que, se puso manos a la obra e inventó un experimento. Si de verdad son capaces de sentir la energía vamos a probarlose dijo. Hizo un llamamiento al que acudieron varios practicantes de reiki voluntarios.

Estos “reikipeutas” no podía ver a quien tenían delante porque les tapaba un cartón el cual tenía dos oberturas para pasar las manos. Ellos extendían las manos con las palmas hacia arriba y Emily acercaba la palma de una de sus manos pero dejando un espacio suficiente para que no pudieran sentir el calor. Ellos debían acertar sobre que mano estaba acercando, es decir, solo podía haber dos posibilidades izquierda o derecha. Ella acercaba las manos incluso más cerca de lo que aparecía en los vídeos en los que se les ve sanando.

¿Cual fue el resultado?

Negativo. Los aciertos que tuvieron no llegaron ni al 45%, y eso sabiendo que las posibilidades que daba el azar eran de un 50%

Gracias a su experimento, que cumplía con los estándares que exige la comunidad científica, Emily se convirtió en la experimentadora más joven en publicar un trabajo en The Journal of the American Medical Asocciation y su artículo llegó a ser publicado en The New York Times.

Para saber más:

Reportaje sobre el experimento (en inglés)

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