Nube y el arte de vivir (relato)

Los que entendían de perros decían que era un cruce de podenco con bodeguero. Nube no entraba por los ojos, era destartalado y ya no era un cachorro. Había sobrevivido en un polígono industrial gracias a la comida y agua que le daban los operarios de las fábricas. Quizás si tuviera una apariencia más agradable alguien lo habría adoptado ya, porque tenía una forma de ser muy especial. No le gustaba demasiado la lluvia pero se dio cuenta de que era necesaria para que se formaran los charcos para beber, ya que no siempre podía contar con un cuenco de agua. Hay quien dice que después de que saliese el sol tras una tormenta, Nube empezaba a saltar y correr de un lado para otro durante media hora seguida como dando gracias.

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