Nube y el arte de vivir (relato)

Inauguramos una nueva sección llamada “relatos”, siempre con contenido para reflexionar. Hoy presentamos a Nube y el arte de vivir, un relato corto, acerca de lo poco que se necesita para “vivir” y ser felices

Los que entendían de perros decían que era un cruce de podenco con bodeguero. Nube no entraba por los ojos, era destartalado y ya no era un cachorro. Había sobrevivido en un polígono industrial gracias a la comida y agua que le daban los operarios de las fábricas. Quizás si tuviera una apariencia más agradable alguien lo habría adoptado ya, porque tenía una forma de ser muy especial. No le gustaba demasiado la lluvia pero se dio cuenta de que era necesaria para que se formaran los charcos para beber, ya que no siempre podía contar con un cuenco de agua. Hay quien dice que después de que saliese el sol tras una tormenta, Nube empezaba a saltar y correr de un lado para otro durante media hora seguida como dando gracias.

Era un perro diferente a los demás, no mendigaba comida, sólo esperaba tranquilo a que la comida viniese a él, cuando la recibía daba dos vueltas sobre sí mismo en señal de agradecimiento. Esto a los obreros les hacía mucha gracia y le había proporcionado alimentos extra. De entre los que daban comida a Nube estaba Juan, un trabajador de una fábrica de mecanizado que llevaba un tiempo observando al animal. Lo que no se imaginaba es que Nube lo estaba sometiendo a un minucioso estudio a él. Lo veía muy sólo y con una actitud triste desde hacía algún tiempo. Nube pensó que como él ya había llegado a lo alto de toda buena fortuna, debía darse a los demás y eligió a Juan para seguir su camino. Recordaba de otras etapas de su perruna vida que en los parques y las calles siempre había perros que acompañaban a sus dueños.

Un día salió Juan de la fábrica más temprano,acompañado de una caja con sus pertenencias. Nube lo esperaba a la salida, le hizo una ceremonia de saludo. El perro no se apartó de su lado ni cuando siguió andando. Juan sabía que no lo iba a volver a ver si no se lo llevaba a su casa. Nube le miraba fijamente a los ojos y el humano sucumbió a la magia que transmitía el animal; se lo llevó con él.

Así, finalmente, Nube decidió adoptar a Juan.

Gracias a la colaboración de:

http://relatosdeperroxico.blogspot.fr

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