Momentos Mindfulness

En general, a lo largo de su extensa obra (más de 100 libros), el monje vietnamita Thich Nhat Hanh (o Thay como le llaman sus discípulos) recomienda llevar la atención plena a cada momento del día. Pero lo hace con una sencillez que, a veces, resulta inevitable que nos preguntemos ¿Por qué no he hecho yo esto antes?.

Sin embargo en la psicología nos asalta una duda, si el ser humano es producto de sus genes, de la educación de sus padres y del ambiente donde se ha criado. ¿Qué podemos cambiar nosotros en la edad adulta? ¿Acaso nos somos simplementes testigos y no actores de nuestra vida? ¿De verdad podemos llegar a ser más conscientes?

La neuropsicología nos dice que la plasticidad cerebral sigue hasta el día que morimos y los últimos descubrimientos establecen que el cerebro sigue generando nuevas neuronas, en contra de lo que siempre se ha pensado, aunque solo se produce en ciertas zonas, hasta su muerte. Eso implica que la capacidad de mejorar siempre está presente (signo inequívoco de la supervivencia humana durante millones de años). Según Daniel J. Siegel y Jon Kabat-Zinn la meditación produce cambios físicos en nuestra corteza cerebral (la encargada de la razón y de mantener a raya las emociones), lo que demuestra la adaptación de nuestro cerebro a nuestro entorno.

En el mindfulness, a parte de sentarnos a meditar o de hacer los ejercicios de escáner corporal, hay muchos momentos a lo largo del día que nos permitirán cultivar nuestra presencia. Thay propone en sus libros ciertos consejos para llevar el mindfulness a nuestra vida:

Caminar: como hemos dicho en otros posts, es una gran herramienta. Andar como si tus pies besaran la tierra dice Thich Nhat Hanh. Coger como rutina un pequeño camino, al pasear al perro o al ir a por la compra, nos trae de vuelta al momento presente.

Ducharnos: ¿Cuándo fue la última vez que sentiste el agua recorrer tu cuerpo? Posiblemente nunca la hayas sentido o muy pocas veces. Todos los días, cuando entres en la ducha, plantéate estar presente, sentir el agua, simplemente SER.

Cepillarnos los dientes: Decía el ya nombrado Thich Nhat Hanh: ¡Tengo 80 años y es un milagro que conserve los dientes! Doy gracias al agua. No solo los limpio por fuera, también limpio mi boca de toda mala palabra y de toda mala intención.

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Fregar los platos: En muchos templos no poseen lavavajillas. Simplemente porque no quieren, prefieren lavar los platos de manera consciente, como en Plum Village (Francia, donde se encuentra el Sangha de Thay). Así que si aún friegas a mano, es una gran ocasión para estar presente. Sientes el agua en tus manos, sientes tu respiración y limpias estando en plena consciencia. También se puede trasladar a cualquier momento de limpieza en el hogar, como barrer o fregar el suelo. Dejaran de ser momentos “indeseables” para convertirlos en momentos de “despertar”.

Escuchar: No hay nada más valioso que nuestra consciencia, qué mejor regalo podemos dar a nuestro interlocutor mientras nos habla. Estar presentes en el aquí y el ahora, hace que la otra persona esté más cómoda, que sintonice con nosotros y se sienta respetada, pero además nosotros cultivamos también nuestra consciencia. El karma (o feedback) está presente en todo momento.

Teléfono: antes de contestar por teléfono o hacer una llamada, una respiración completa permitirá “resetearnos” y no trasladar nuestro estado de ánimo a quien llama y poder escucharlo con la atención de la que hemos hablado en el punto anterior.

Conducir: Cuando nos sentemos al volante, antes de arrancar el coche. Acariciar el volante con las manos y hacer una respiración completa y profunda nos traerá de nuevo al momento presente. Cuanto más si estamos acompañados, sus vidas dependerán de lo presentes que estemos al conducir.

Esperar: Los atascos pueden convertirse en momentos de verdadera meditación. Es curioso ver como los demás conductores se desesperan y añaden estrés a sus vidas mientras nosotros mantenemos la calma. Sonreimos ¡Qué vamos a hacer si no podemos hacer nada! Y asumimos que si vamos a tardar en llegar, al menos vamos a aprovechar el tiempo. Sentir la respiración abdominal mientras estamos plenamente conscientes al momento presente es un buen ejercicio. Pero no solo en los atascos, mientras esperamos en la consulta del médico o en alguna cola. O cuando algún amigo se retrasa, son momentos para profundizar en nosotros mismos.

Después de todos estos consejos, (por cierto, si tienes alguno no dudes en compartirlo), está claro que no podemos seguir diciendo que no tenemos tiempo para meditar. Meditar se puede convertir en una forma de vida, puesto que todos estos consejos, conforme la práctica vaya avanzando, harán que nuestra capacidad de estar conscientes se haga más extensa, hasta el punto de que podamos unir dichos momentos mediante un hilo consciente que nos mantendrá en el camino correcto.

Lógicamente, resulta imposible empezar haciendo todos estos puntos a la vez, solo está al alcance de pocas personas con muchos años de práctica que ya poseen una gran capacidad de estar presentes, el resto podemos conformarnos por llevar unos pocos cada día, y si nos funciona y nos hace sentir mejor ¿Por qué no ir ampliando poco a poco?

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