La semilla de la envidia (relato)

El maestro Yan tenía un joven discípulo al cual había recogido cuando era un bebé. Si bien no recibía ningún trato especial, el resto de discípulos le tenían envidia, puesto que pasaba las 24 horas del día con el maestro. Un día el maestro Yan sabedor de los pensamientos de sus discípulos contó una historia:

En el antiguo Tíbet había una leyenda acerca de los dioses. Para evitar que el ser humano tuviera malos pensamientos hacia los demás, los dioses crearon la envidia.

¿Pero maestro?– interrumpió un alumno avanzado- ¿Cómo puede ser que algo tan impuro como la envidia provenga de los dioses?

¿Impuro? Nada que habita en ti es impuro, todo tiene un motivo. Los dioses crearon la envidia para evitar que tengas esos malos pensamientos…

Los alumnos cabecearon negativamente, no entendían nada de lo que les decía el maestro. Éste no era dado a dar muchas explicaciones, pero ese día hizo una excepción.

La envidia se creó de la siguiente manera. Es una semilla, cuanto más pensamientos negativos tienes más se arraiga en ti y más infeliz te hace. La única manera de deshacerte de ella es no regarla con tus pensamientos negativos y entonces desaparecerá y volverás a tener una vida feliz. Debéis agradecer su existencia, porque es un mecanismo que podéis usar para daros cuenta de que sois infelices y transformaros en personas pacíficas y puras.

Pasaron unos breves segundos y los alumnos tuvieron un “satori”

En ese momento todo miraron al joven aprendiz y dieron las gracias.

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