Origen del budismo Zen

El budismo se introduce en Japón hacia el siglo V. Con mucha rapidez se desarrollaron diferentes escuelas de origen coreano o chino junto a la religión autóctona, el Shintô (la «vía de los dioses»).

En torno al siglo XIII el budismo japonés, ya próspero, se renueva profundamente gracias a varios reformadores excepcionales. Uno de ellos, el maestro Dôgen (1200-1253), implanta en el país la rama Sôtô (en chino, Caodong) del budismo zen (Chan). La vía recibida de su maestro, Nyojô (en chino, Rujing) se centraba en shikantaza, simplemente sentado, el zazen practicado bajo la dirección de un maestro y entendido, no como proceso de progresiva liberación de las ilusiones, sino como acceso inmediato y universal al despertar del Buda y de los patriarcas.

Al maestro Dôgen se le considera uno de los más profundos y más originales pensadores que Japón haya conocido. Su obra capital, el Shôbôgenzô (El Tesoro del ojo de la verdadera Ley), reúne 95 fascículos escritos en diferentes períodos de su vida y para diversos públicos. Su despertar se expresa igualmente en las reglas que redactó para su comunidad monástica (Eihei Shingi, la Regla pura del templo de la paz eterna).

Una de sus mayores innovaciones fue proponer los mismos preceptos para laicos, monjes y monjas, y reducirlos a 16 (frente a los 350 para monjas, 250 para monjes y 48 para laicos). Además de su tarea de enseñanza fundó dos templos, de los cuales uno, Eihei-ji, Templo de la Paz eterna, es hoy uno de los principales templos del zen Sôtô en Japón.

Si al maestro Dôgen se le considera el «padre» de la escuela Sôtô, al maestro Keizan (1264-1325) se le considera la «madre». La escuela Sôtô reconoce unánimemente al maestro Keizan como aquel que difundió la enseñanza del maestro Dôgen en Japón y garantizó que esta escuela se perpetuara en el país. Su obra capital, el Denkôroku, Libro de la transmisión de la luz, definió la genealogía de los maestros del zen Sôtô estableciendo al maestro Dôgen como quincuagésimo primer sucesor del Buda Shakyamuni.

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Por otra parte, el maestro Keizan jugó un papel muy importante en el establecimiento de los rituales de la escuela, trabajo cuyos desafíos eran muchos y muy profundos. Instaurando un calendario litúrgico, unió de manera concreta la «práctica continua» del maestro Dôgen y el movimiento cíclico del universo (fluir de los días, de los meses y de los años). Al desarrollar o introducir rituales que no concernían solo a la comunidad monástica, favoreció el acercamiento entre los monjes y el resto de la sociedad. Aún hoy, los contactos más numerosos de la población japonesa con el zen son a través de las ceremonias funerarias.

El maestro Keizan fundó varios templos, entre ellos Sôji-ji que es el segundo templo zen Sôtô más importante de Japón. Tuvo numerosos discípulos, algunos de ellos de gran valor.

Formada por esa doble herencia, la escuela Sôtô después se desarrolló ampliamente, llegando a todas las capas sociales de la población japonesa. En nuestros días cuenta en Japón con 15.000 templos, 30.000 monjes o monjas que pueden casarse y fundar una familia. Muchos de ellos, tras su formación, dejan el monasterio para ocuparse de un templo de dimensiones más modestas. Algunos enseñan budismo y favorecen la práctica de zazen de los laicos.

Por el monje zen francés Laurent Genshin Strim.

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