El hombre más feliz del mundo

Se llama Matthieu Ricard, es francés y obtuvo una nota inalcanzable en un estudio sobre el cerebro realizado por la Universidad de Wisconsin (EEUU). Los especialistas en neurociencia afectiva le nombraron «el hombre más feliz de la Tierra». 

Así lo demostró Richard Davidson, investigador del Laboratorio de Neurociencia Afectiva de la U. de Wisconsin en 2012. El neurocientífico ha pasado las últimas dos décadas estudiando la plasticidad del cerebro -su capacidad de cambiar- y para ello se centró en los monjes budistas tibetanos. Su objetivo: comprender -a través de neuroimagen cerebral- cómo sus prácticas contemplativas cambian el cerebro humano, funcional y estructuralmente.

El estudio del cerebro de Ricard, en el que con sensores detectaron su nivel de estrés, irritabilidad, placer y satisfacción, entre otros, arrojó un nivel de felicidad nunca antes visto. En una escala -que también se aplicó a voluntarios- donde 0,3 era muy infeliz y -0,3 muy feliz, Ricard registró -0,45. Al meditar, además, produce un nivel de ondas gamma (vinculadas a la conciencia, la atención y el aprendizaje), “nunca antes reportado en la literatura de la neurociencia”, dijo el investigador al publicar los resultados.

El francés junto a otros monjes budistas explotan la plasticidad cerebral para alejar los pensamientos negativos y concentrarse sólo en los positivos. Por ello dice que la felicidad es algo que se puede aprender, desarrollar y entrenar.

Los científicos han logrado probar que la corteza cerebral izquierda concentra las sensaciones placenteras, mientras el lado derecho recoge aquellas que motivan depresión, ansiedad o miedo. «La relación entre el córtex izquierdo y el derecho del cerebro puede ser medida y la relación entre ambas sirve para representar el temperamento de una persona», asegura Ricard, que durante sus resonancias magnéticas mostró una actividad inusual en su lado izquierdo.

Los neurocientíficos americanos no creen que sea casualidad que durante los estudios llevados a cabo por Davidson los mayores registros de felicidad fueran detectados siempre en monjes budistas que practican la meditación diariamente. Ricard lo explica en la capacidad de los religiosos de explotar esa «plasticidad cerebral» para alejar los pensamientos negativos y concentrarse sólo en los positivos.

La idea detrás de ese concepto es que la felicidad es algo que se puede aprender, desarrollar, entrenar, mantener en forma y, lo que es más improbable, alcanzar definitivamente y sin condiciones.

Para saber más:  Emociones destructivas de Daniel Goleman.

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