¿Cómo meditar?

Buscar un lugar propicio para la meditación

Las circunstancias que nos ofrece la vida cotidiana no siempre son favorables para la meditación. Nuestro tiempo y nuestro espíritu se hallan ocupados por infinitas actividades y agobiados por preocupaciones de todo tipo. Ésa es la razón de que, al principio, sea necesario preparar un cierto número de condiciones favorables. Es posible y deseable seguir gozando de los beneficios que proporciona la meditación cuando se está sumergido en la vorágine de la vida cotidiana, especialmente poniendo en práctica el ejercicio de la «plena conciencia». Pero al principio es indispensable ejercitar el espíritu en un medio propicio. Los rudimentos de la navegación no se aprenden en medio de una fuerte tempestad, sino cuando hace buen tiempo y la mar está en calma. También, al principio, es preferible meditar en un lugar tranquilo para darle al espíritu la posibilidad de que se vuelva claro y estable. A menudo, los textos budistas utilizan la imagen de una lámpara de aceite. Si la lámpara está constantemente expuesta al viento, su luz será débil y a cada momento correrá peligro de apagarse. Pero si en cambio se la protege del viento, su llama será estable y luminosa. Y lo mismo ocurre con nuestro espíritu.

Una postura física apropiada

 La postura física influye en el estado mental. Si adoptamos una postura demasiado relajada, hay muchas posibilidades de que nuestra meditación sea torpe y nos produzca somnolencia. En cambio, una postura demasiado rígida y tensa puede propiciar agitación mental. En consecuencia, hay que adoptar una postura equilibrada, ni demasiado tensa ni demasiado relajada. En los textos, encontramos la descripción de la postura de los siete puntos, llamada vajrasana (postura «adamantina»):

  1. Las piernas están cruzadas en la postura del vajra, comúnmente llamada «postura del loto»(full lotus en la imagen), en la que primero se coloca la pierna derecha doblada sobre la izquierda, y luego la izquierda sobre la derecha.

   Si esta postura resulta demasiado difícil, se puede adoptar la del «semiloto», que consiste en situar la pierna derecha bajo el muslo izquierdo, y la pierna izquierda sobre el muslo derecho (se trata de la denominada postura «feliz», Half lotus):

meditation-poses

  1. Las manos reposan sobre el regazo, en el gesto de la ecuanimidad, la mano derecha sobre la mano izquierda, de modo que la punta de los pulgares esté en contacto. Hay una variación que consiste en poner ambas manos a lo largo, sobre las rodillas, con las palmas hacia abajo.
  2. Los hombros están ligeramente levantados e inclinados hacia delante.
  3. La columna vertebral tiene que estar muy recta, «como una pila de monedas de oro».
  4. La barbilla ha de estar ligeramente inclinada hacia la garganta.
  5. La punta de la lengua toca el paladar.
  6. La mirada se dirige hacia delante o ligeramente hacia abajo, siguiendo la prolongación de la nariz, los ojos pueden mantenerse bien abiertos o entornados.

Si nos resulta incómodo permanecer sentados con las piernas cruzadas, también podemos meditar sentados en una silla o sobre un cojín elevado. Lo esencial es mantener una postura equilibrada, con la espalda bien recta, y adoptar otros puntos de la postura descrita más arriba. Los textos dicen que si el cuerpo está bien recto, los canales de la energía sutil también lo están, y, en consecuencia, el espíritu se mantiene claro.

No obstante, podemos modificar ligeramente la postura del cuerpo según vaya evolucionando la meditación. Si tenemos tendencia a caer en el torpor mental, e incluso a dormimos, enderezaremos el busto adoptando una postura más tónica, y levantaremos la mirada hacia arriba. Pero si, por el contrario, nuestro espíritu está demasiado agitado, nos relajaremos un poco y dirigiremos la mirada hacia abajo.

Tenemos que mantener la postura apropiada el máximo tiempo posible, pero si empieza a resultarnos demasiado incómoda, es preferible relajarse durante unos instantes antes que estar constantemente distraídos por culpa del dolor. También podemos, dentro de las capacidades de cada uno, aprehender la experiencia del dolor, sin rechazarlo ni magnificarlo, y recibirlo como si fuera una sensación como las demás, agradable o desagradable, en la plena conciencia del momento presente. Podemos, por último, alternar la meditación estando sentados con la marcha contemplativa, un método que describiremos más adelante.

El entusiasmo como motor de la perseverancia

Para interesarse por algo y dedicarle tiempo, primero hay que percibir sus ventajas. El hecho de reflexionar sobre los beneficios que se esperan conseguir con la meditación después de haberlos probado un poco en primera persona nos alentará a perseverar. No obstante, eso no quiere decir que la meditación siempre sea un ejercicio agradable. Podemos compararla con una excursión a la montaña, la cual no siempre constituye una fuente de placer. Lo esencial es que nuestro interés sea lo bastante profundo como para lograr seguir esforzándonos a pesar de los altibajos de la práctica espiritual. La satisfacción de progresar hacia el fin que nos hemos fijado bastará para mantener nuestra determinación y nuestra convicción de que el esfuerzo merece la pena.

Fuente: El arte de la meditación (Crecimiento personal)de Matthieu Ricard

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