¿Qué es realmente la meditación? Vipassana y Samatha

Hace un tiempo, publicamos un artículo titulado “Concepciones erradas sobre la meditación” donde se detallaban los errores más comunes a la hora de hablar sobre la meditación. Ahora bien, decir lo que NO es algo, no es definirlo. Es por ello que una vez más acudimos a Anton Baron, filósofo, teólogo y escritor para que nos explique desde un punto de vista budista, realmente qué es la meditación y la diferencia entre el Vipassana y el Samatha:

¿Qué es la meditación? Introducción

Si examinásemos las formas de meditar presentes en las diferentes tradiciones espirituales, encontraríamos un elemento que casi siempre está presente en todas sus modalidades, y que es la concentración. Por ejemplo, en el cristianismo, tradicionalmente existen dos formas básicas a través de las cuales el ser humano se comunica con Dios en su fuero íntimo: la oración y la contemplación. La primera consiste en emitir palabras dirigidas a una determinada entidad espiritual, mientras que la segunda se define como un prolongado estado de conciencia sobre un determinado tópico, por ejemplo, algún fragmento de las Sagradas Escrituras, un evento de la vida o pasión de Cristo, alguna cualidad de la Virgen María , de algún santo, mártir, etc. Pero tanto la oración como la concentración requieren de la concentración para que sean practicadas correctamente. Si nos fijamos en yoga , encontraremos otro ejemplo de meditación, en la cual la concentración cumple un papel preponderante. También las técnicas de meditación que ejercitan la mente enfocándola en el sonido de una melodía, en el pronunciamiento o canto de un mantra o en algún objeto visible, como la llama de una vela, todas ellas requieren de concentración para que la mente no divague y sea efectiva.

En la meditación budista también se enfatiza la concentración y la misma juega un papel importante en todo este proceso, pero solamente como una parte. La concentración mental constituye una de las dos dimensiones de la meditación budista, necesaria pero no suficiente y debe ser completada con la contemplación penetrante o perspicaz de los fenómenos. La primera dimensión, dentro de la tradición budista Theravada se conoce con el nombre samatha , mientras que la segunda se llama vipassana. De esta manera, la meditación budista puede ser comprendida tanto práctica de concentración como de atención consciente. Veamos brevemente en que consiste cada una.

1. Vipassana: dimensión perspicaz de la meditación

Con mucha frecuencia encontramos manuales de meditación que sostienen que el vipassana y samatha son dos diferentes técnicas meditativas enseñadas por el Buda, de las cuales esta primera es la más importante, en tanto propiamente budista y que lleva a la Iluminación. Samatha, por otro lado, ya existía en la época del Buda y no es, por ende, indispensable. Por esta razón, este enfoque, caracterizado por el uso de la palabra “vipassana” como nombre del método de meditación que enseña, impuso en amplios círculos meditativos pero solamente a partir del siglo XX como consecuencia del modernismo budista, proveniente principalmente de Birmania. Según los antiguos discursos (suttas) del Buda, samatha y vipassana son dos cualidades mentales, calma y perspicacia, respectivamente, que son el resultado de una y la misma meditación enseñada por el Buda.

Vipassana, es la cualidad mental que permite al meditador cultivar gradualmente la habilidad de estar despierto, atento y consciente. La práctica de esta cualidad se desarrolla atendiendo tanto a los fenómenos originados en el cuerpo, como a los cambiantes estados de la mente. Esta contemplación de los fenómenos consiste en identificar su carácter transitorio o impermanente, insatisfactorio y carente de esencias. Su fin es la erradicación del falso punto de vista, según el cual la realidad –y nosotros mismos en ella- se compone de elementos que poseen esencias (en el sentido de algo imperecedero), que pueden ofrecernos la felicidad duradera y por eso, son causa de nuestro apego a ellos. Siendo que sucede todo lo contrario, este apego es la principal causa de nuestro sufrimiento o falta de satisfacción.

La práctica de vipassana tiene por objeto, entonces, sensibilizar nuestra receptividad sobre lo que sucede en nosotros y en nuestro alrededor, en nuestra experiencia diaria. Practicando esta meditación, estaremos más atentos a lo que escuchamos, más conscientes de lo que vemos y más cuidadosos con lo que hacemos. Aprenderemos a oler y tocar más completamente y prestar atención a lo que estamos sintiendo. En resumidas cuentas, el objetivo principal de la práctica de vipassana es aprender a ser más atentos.

Como es lógico, éste enfoque meditativo excluye la posibilidad de que el objetivo de estas prácticas sea experimentar éxtasis, visiones sobrenaturales o tener experiencias ultrasensoriales. Por el contrario, lo “místico” aquí, si lo queremos llamar así, está muy al alcance de la mano: esta forma de ejercicio mental nos permitirá a experimentar este mismo mundo de una manera totalmente nueva. Aprender lo que realmente está ocurriendo y entender la verdadera naturaleza de la vida. Para que esto suceda, necesitamos ir olvidando nuestros propios puntos de vista, nuestras teorías y estereotipos, cosa que no es fácil, pero para lo cual la meditación también nos proporcionará un punto de apoyo.

¿Qué significa la palabra vipassana en el idioma pali? Pues la misma está compuesta de dos raíces verbales: por un lado passana que significa “ver” o “percibir” y, por otro lado, el prefijo vi que señala algo que se está haciendo “de una manera especial” y tiene la connotación de algo hecho simultáneamente “dentro” y “a través”, sea, de manera penetrante. De modo que, con vipassana se quiere significar el hecho de mirar o percibir algo con claridad y precisión, penetrar en ello distinguiendo a cada uno de sus componentes, pero a la vez, percibiendo la totalidad y la unidad fundamental de lo que se observa. Usualmente este tipo de meditación o cualidad mental se traduce al inglés con la palabra insight , palabra que algunos pretenden introducir al idioma español dejándola sin traducir, siendo sin embargo, la voz “perspicacia” el equivalente exacto de ella. Algunos traducen insight como “meditación perspicaz”, lo que estaría bien, en caso que se tratara de una meditación y no de una cualidad mental, lo que es, al menos, discutible.

Es fácil deducir que en el trasfondo de los ejercicios meditativos relacionados con vipassana está el supuesto, según el cual, nosotros normalmente no estamos acostumbrados a percibir las cosas de esta manera profunda y perspicaz, tal como son. Por el contrario, percibimos los objetos mediante los conceptos que se reflejan en la pantalla de nuestra mente. Esto coincide, casualmente, con la crítica que los filósofos contemporáneos de tinte post-estructuralista hacen a la clásica tesis positivista que coincide con la percepción común y genuina de la gente, según la cual la mente sería una especie del “espejo de la realidad”. Lo que sucede, sin embargo es, que la mente imprime en los objetos sus propios pensamientos, conceptos o categorías y no a la inversa. De esta manera, cometemos el error de considerar los fenómenos que aparecen en nuestra mente como si fueran objetos que conformaran la misma realidad exterior. Este error tiene graves, desagradables y dolorosas consecuencias, porque al no advertir este constante flujo de estados de conciencia que pasa por nuestra mente, al confundirlo con el flujo de la misma realidad, terminamos malgastando casi todo nuestro tiempo, enfrascados en actividades que persiguen sensaciones placenteras y gratificantes y evitan las que traen penas y dolores. Consideramos, en fin, que la calidad de nuestros estados mentales depende de las cosas externas. La parte de la meditación relacionada con vipassana nos ayuda a observar esta interminable y cambiante corriente de pensamientos, sentimientos y estados mentales de conciencia que pasa por nuestra mente y verla como tal: simplemente como una corriente impersonal de estados de conciencia y nada más que esto. Nada con lo cual identificarse ni nada a que apegarse. Será una experiencia liberadora; una experiencia, que según la tradición budista, convierte la gente común en personas verdaderamente sabias.

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2. Samatha: Dimensión de tranquilidad de la meditación

Sin embargo, para alcanzar esta perspicacia, necesitamos al mismo tiempo ejercitar samatha , o sea, precisamos cultivar la concentración para poder llegar a desarrollar un cierto grado del conocimiento que nos permita a penetrar en la verdadera naturaleza de las cosas. Es por eso que  las técnicas relacionadas con la perspicacia se propondrán luego de las técnicas que tendrán por objeto llegar a tener un determinado grado la concentración.

Samatha en pali significa tranquilidad, serenidad o calma y es sinónimo de samadhi, una palabra que se usa en el contexto de este tipo de meditación. Samadhi quiere decir “fijar la mente en un solo objeto o interés” o “unificación de la mente”, palabra que comúnmente se traduce a los idiomas occidentales como “concentración”.

Para evitar malos entendidos, debemos aclarar que el tipo de concentración que se busca en la meditación budista nada tiene que ver con los fenómenos que se conocen en relación con la auto-hipnosis o estados en los que entran los mediums durante las sesiones espiritistas. Tampoco se trata de entrar en estados mistico-extáticos, porque siempre la concentración dentro del marco de la meditación budista, busca ante todo, una percepción directa y la clarificación de la mente. Mientras tanto, todo lo que pueda disminuir su agudeza, volverla obtusa o perder el control sobre la misma es contraproducente desde esta perspectiva.

Lo que sin embargo es cierto, es que unas pocas semanas de la práctica seria y continua de dichas técnicas de concentración, pueden lograr que las mismas se conviertan, a la vez, en técnicas de relajación y de calma mental, y que empiecen a proporcionarnos una nueva y fresca dosis de energía, satisfacción y salud mental. Es muy probable también, que durante algunas sesiones de meditación tengamos momentos verdaderamente placenteros, pero no olvidemos que nada de esto constituye la meta principal de dichas prácticas. Sería un error digno de lástima el de estancarse solamente dentro del ámbito de estas experiencias gratificantes y dejar de escapar la meta principal, que es el despertar completo y la liberación del sufrimiento.

 

Escrito por: Anton Baron

Anton Baron (1.957 – ). Filósofo, teólogo y educador de origen polaco radicado en Paraguay desde hace veinte años. Autor del libro “El camino de Buda hacia la liberación” (2006) y otros libros de temáticas diversas.

Es miembro de la Pali Text Society.  Fundador y responsable de los contenidos de Bosque Theravada.

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