La mejora personal conduce a una sociedad más justa

Las sociedades democráticas debaten a menudo si la justicia social se alcanza mejor a través de la redistribución de las oportunidades iniciales o bien a través de la nivelación de las ganancias finales. En este contexto, un estudio en el que han participado investigadores de la Universidad Jaume I de Castellón (UJI), en España, analiza por primera vez las reacciones de las personas frente a distintos niveles de redistribución de las oportunidades iniciales.

Los resultados, que se publican en la revista Experimental Economics, revelan que la percepción de la más mínima posibilidad de alcanzar el éxito tiene una elevada influencia en la valoración individual de la justicia social. En este estudio también han participado las universidades de Warwick (Reino Unido) y Nueva Delhi (India).

El trabajo es el primero en elaborar un mapa de las preferencias de la gente frente a distintos niveles de desigualdad de las oportunidades iniciales y, para ello, los investigadores han utilizado un juego de redistribución experimental denominado Ultimatum Game. En este juego participan dos personas con roles diferenciados: proponente y receptor.

El proponente posee una suma de dinero y debe proponer al receptor cómo se divide esa cantidad entre los dos. El receptor puede aceptar la forma de distribución propuesta por el proponente y quedarse con la parte de dinero que se le ha propuesto, o bien rechazar la oferta. En este último caso ambos jugadores se quedan a cero, sin recibir ninguna parte del dinero. Es claro que la posición inicial de proponente es la más ventajosa en el Ultimatum Game y, de hecho, normalmente los proponentes ganan más dinero que los receptores.

Durante el estudio experimental los investigadores han manipulado, a lo largo de varias sesiones, la equidad de los procedimientos que asignan el papel inicial de proponente o receptor, a través de un sorteo que puede asignar las mismas probabilidades, o bien probabilidades diferentes, de obtener la posición inicial de proponente que es, como se ha señalado, la más ventajosa.

El objetivo fue analizar cómo reaccionan las personas al caso extremo de completa desigualdad, donde una persona no tiene ninguna oportunidad y la otra tiene todas, frente a la situación de dar una oportunidad mínima a la persona desaventajada. En este último caso, la persona desaventajada tiene un 1% de probabilidad de ganar y la otra tiene el 99%.

Según detalla el investigador de la UJI Gianluca Grimalda, “hasta el momento, los estudios teóricos y empíricos solo habían comparado los dos extremos, es decir, la situación de perfecta igualdad (todos tienen las mismas oportunidades) y la de máxima desigualdad (donde muchas personas no tienen ninguna oportunidad). Aquí hemos mirado varios niveles intermedios en la distribución de oportunidades, como por ejemplo cuando una persona tiene el 80% de probabilidad de ganar y otra tiene el 20%”.

El estudio ha revelado que las personas atribuyen muchísima importancia al hecho de tener una probabilidad mínima de alcanzar la posición inicial ventajosa, del 1% en algunos casos, respecto a no tener ninguna probabilidad. Para los investigadores, ello confirma el papel fundamental de la percepción de ser incluido en la sociedad, aunque esta inclusión sea puramente simbólica.

Tal como explica Grimalda, “el hecho de que la gente considere tan importante tener una oportunidad mínima puede ser al mismo tiempo algo muy positivo y algo muy negativo. Por un lado, quiere decir que si la gente percibe que tiene oportunidades de tener éxito en su vida, aunque sean mínimas, su nivel de satisfacción con la sociedad mejorará muchísimo”.

“En otras palabras –añade–, para el tejido social es muy importante que todos perciban que tienen una posibilidad, aunque sea muy pequeña, de tener éxito. Por otro lado, el aspecto negativo es que esto podría ser utilizado por un gobierno oportunista para justificar la no inversión en la igualdad de oportunidades, al considerar que es suficiente que todos sientan que tienen una oportunidad mínima. Esto es claramente paradójico y no es algo deseable».

Según el estudio, los procedimientos más equitativos llevan a una menor probabilidad de rechazar ganancias finales que sean desiguales, lo que indica que la percepción individual de la justicia social no necesariamente se corresponde con cuán justa sea objetivamente una sociedad. Así, la investigación demuestra que las personas son más propensas a rechazar un resultado desigual cuando observan una clara injusticia en el sistema. Por el contrario, un leve aumento de la equidad en la distribución de oportunidades iniciales parece tener un impacto significativo en la percepción individual de la justicia social.

Para el investigador, “este estudio confirma el papel fundamental de la existencia de oportunidades en la percepción de ser incluido en la sociedad y en la consecuente valoración de una sociedad más justa. Como ejemplo, podemos mencionar cómo la oportunidad simbólica de tener voz en un problema de decisión colectiva sustenta la propensión de los sujetos para ver la situación como significativamente más justa que cuando se le niega esta oportunidad”.

Según Grimalda, el hecho de que la percepción individual de la justicia social difiera de cuán justa sea objetivamente una sociedad es una de las cuestiones principales: “Como ya se ha demostrado, los seres humanos somos muy malos a la hora de gestionar el riesgo y tendemos a dar una importancia desproporcionada a eventos que tienen una probabilidad muy baja. En este sentido, hay que educar a la gente para que sea más racional al gestionar probabilidad y riesgos, y hay que darle información precisa sobre cuáles son las probabilidades efectivas de tener éxito social”.

La investigación tiene una gran implicación en la valoración de la justicia distributiva en nuestras sociedades, ya que la percepción de la existencia de oportunidades mejorará en gran medida el tejido social. Este hecho, según los investigadores, debe ser tenido en cuenta por los gobiernos: “Las políticas destinadas a mejorar las oportunidades para los grupos desfavorecidos deberían incorporar tales percepciones en su diseño para aumentar su alcance y maximizar su eficiencia”, concluye Grimalda.

(Fuente: UCC+i Universitat Jaume I)

Extraído de Noticiasdelaciencia.com

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