Pablo d’Ors

La tradición meditativa en el cristianismo es poco conocida, sin embargo lleva siglos existiendo para sorpresa de muchos de nosotros. Quizás la tradición católica actual carece de dicha profundidad, lo que lleva a que algunos sacerdotes, como Pablo d’Ors, intenten rescatarla o, más bien, potenciarla. Siendo realmente sorprendente lo que no sabemos acerca de la relación del cristianismo con la tradición contemplativa.

Pablo d’Ors nace en Madrid en 1963, en el seno de una familia de artistas y se forma en un ambiente cultural alemán. Es nieto del ensayista y crítico de arte Eugenio d’Ors, hijo de una filóloga y de un médico dibujante, y discípulo del monje y teólogo Elmar Salmann.

Tras graduarse en Nueva York y estudiar Filosofía y Teología en Roma, Praga y Viena –donde se especializa en germanística–, se doctora en Roma en 1996 con una tesis titulada “Teopoética: Teología de la experiencia literaria”. Es ordenado sacerdote en 1991, y destinado a la misión claretiana de Honduras, donde despliega una labor evangelizadora y social. De vuelta a España, compagina su trabajo pastoral -como coadjutor parroquial primero y como capellán universitario y hospitalario después- con una labor docente como profesor de Dramaturgia y de Estética Teológica en diversos centros superiores de España y de Argentina. Tras conocer al jesuita Franz Jalics, en 2014 funda la asociación “Amigos del Desierto”, cuya finalidad es profundizar y difundir la contemplación desde una cepa cristiana. Poco después es nombrado consejero del Pontificio Consejo de la Cultura por designación expresa del papa Francisco
.

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Su trayectoria como novelista comienza en 2000, inaugurando su inconfundible estilo, cómico y lírico a un tiempo, espiritual y sensorial. Entre 2001 y 2007 compatibiliza su tarea creativa con la crítica literaria en el suplemento cultural del diario ABC. Su novela Andanzas del impresor Zollinger es adaptada al teatro y representada en 2011 en Italia. Todas sus obras, emparentadas principalmente con la literatura de Franz Kafka, Hermann Hesse y Milan Kundera, han tenido una excelente acogida por la crítica. El reconocimiento del público le llega con su Trilogía del silencio, conformada por El amigo del desierto (Anagrama, 2009-2015), la aclamada Biografía del silencio (Siruela, 2012), que sigue constituyendo un auténtico fenómeno editorial, y El olvido de sí (Pre-textos, 2013), un homenaje a Charles de Foucauld, explorador de Marruecos y ermitaño en el Sahara, de quien se lo considera hijo espiritual. La editorial Galaxia Gutenberg, que en el 2015 publicó su Contra la juventud, seleccionada por TodoLiteratura como la mejor novela del año, ha emprendido la edición de su obra completa.

En la actualidad, escribe y anima la red de meditadores “Amigos del desierto” donde se dan cita tanto creyentes como no creyentes interesados en profundizar y difundir la experiencia del silencio y la quietud.

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Dicha fundación expone en su página web, lo siguiente:

Amigos del desierto profundizamos en una tradición espiritual milenaria y ofrecemos tiempos de retiro y acompañamiento personal a cuantos estén interesados en el trabajo interior desde una perspectiva cristiana.

Ser amigos significa para nosotros que nuestra apertura es universal. No nos hemos reunido por afinidad psicológica o por empatía sentimental, sino porque hemos sentido una llamada a compartir nuestro anhelo más profundo. Ese anhelo, más o menos reconocido, lo tenemos todos sin excepción y, por ello, serán bienvenidos entre nosotros todos aquellos que lo reconozcan y que quieran compartirlo, con independencia de su edad, sexo, formación, condición económica y social, y hasta religión. Cristo no ha venido al mundo sólo para los cristianos, sino para la humanidad entera.

Ser amigos significa también que somos un pueblo que peregrina en quietud hacia el interior, sólo respirando y acogiendo el aire de la vida, que es el soplo del Espíritu.

Ser del desierto significa para nosotros que hemos comprendido que el silencio nos hace bien, que es necesario, que es difícil pero eficaz, que es la manera básica como damos respuesta a ese anhelo de plenitud. Desierto significa entregarse a esa práctica del silenciamiento que nos va despojando paulatinamente de todo menos de lo esencial. una senda para el vaciamiento, por tanto, para el olvido de sí o la pobreza espiritual.

Ser del desierto significa también que no meditamos simplemente para estar bien, sino para purificarnos, para atravesar nuestras sombras, para crecer. meditamos para ser iluminados, para ser seres de luz, y para que esa luz irradie desde nosotros e ilumine al mundo. El camino consiste para nosotros en pasar del pensar y del hacer al percibir, sólo percibir. Porque quien aprende a estar en el presente acabará viviendo en la presencia divina.

Este doble movimiento, amigos y desierto, dar y recibir, conduce a la identidad más profunda y a la verdad más genuina. esta verdad nos hace libres y esta libertad nos da la alegría del ser, mucho más profunda y necesaria que la simple alegría anímica.

Dimos nuestros primeros pasos en febrero de 2014 y nos constituimos en asociación en mayo de ese mismo año.

Para finalizar, os dejamos con una de las conferencias que imparte alrededor del mundo, en la que resume el camino del silencio, de la contemplación y de la meditación…

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