¿Cómo tratas tú al mundo?

Si alguna vez te has preguntado por qué la gente te trata de cierta forma, tal vez sea positivo que te preguntes cómo tratas tu a los demás. Porque normalmente podrás encontrar la respuesta a tus preguntas observando tu forma de ser. Tan sencillo como eso.

Normalmente ensimismados en nuestro ego interior, carecemos de una visión cabal que nos muestre que, por mucho que nos quejemos, nuestra viga en el ojo impide ver la paja en el ajeno. ¡Y mira que nos molesta lo que a nuestro vecino le impide ver correctamente! Es algo que nos supera, sin embargo por paradojico que resulte, nunca observamos lo nuestro.

Me viene a la memoria el libro La práctica de la Atención Plena, del gran impulsor del Mindfulness en occidente, el Dr. Jon Kabat Zinn. En este libro, hablaba sobre un retiro de meditación al qué asistió, años antes de crear su terapia de reducción del estrés basada en el Mindfulness. En los prolegómenos del retiro, tuvo una reunión con uno de los maestros Zen que lo impartían y una de las primeras preguntas que le hicieron fue: ¿Cómo te trata el mundo?

Él, encantado de recibir dicha pregunta donde su “yo” cobra todo el protagonismo, pudo responder que todo le iba bien, que no se podía quejar. Acto seguido le preguntaron “¿Y cómo tratas tú al mundo?”… dicha pregunta le impactó. Tan ensimismado estaba en buscar respuestas acerca de por qué sucedían las cosas o de por qué la gente reaccionaba de tal manera, que nunca se preguntaba si era él el responsable de cómo le trataba la gente. Y dicha pregunta no es baladí, puesto que normalmente en dicho trato que dispensamos está la semilla de las respuestas que recibimos.

También es algo que podemos observar en nuestro alrededor. Existe una frase atribuida a Confucio que dice “Si quieres saber si alguien es buena persona tan sólo observa cómo trata a aquellos que le sirven” De este modo podremos ver cómo es la naturaleza de cada persona. Cada uno obtendrá, por regla general, el mismo trato que dispensa.

Por supuesto hay veces que la vida se nos muestra injusta y que recibimos trato que no es merecido. La vida no es una fórmula infalible, no tenemos todas las respuestas. Pero lo más probable es que se cumpla la frase de uno de los mayores sabios de todos los tiempos “Por sus frutos los conocereis“.

 

 

 

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