Terapia de solución de problemas

En muchas ocasiones, ante un pequeño problema nos sentimos bloqueados. No significa que no tengamos recursos para solucionar lo que nos preocupe, sino que no somos capaces de gestionarlos de manera eficiente. Es por ello que hoy os proponemos una pequeña guía de que establece cinco etapas para poder solucionar problemas.

Thomas J. D’Zurilla, es profesor emérito del departamento de psicología de la Stony Brook University. También es psicólogo clínico especializado, desde hace más de 40 años en terapia cognitivo-conductual. El doctor D’Zurilla fue uno de los pioneros del movimiento cognitivo- conductual que, desde finales de los 60 hasta comienzos de los 70, se desarrolló dentro del campo de la psicología clínica. Participó en la elaboración del primer programa de formación en psicología clínica de orientación conductual. En colaboración con Marvin R. Goldfried, el doctor D’Zurilla desarrolló el modelo original de la terapia de solución de problemas, destinado al empleo de las terapias cognitivas y conductuales para promover cambios conductuales amplios y duraderos.

En su formulación inicial D´Zurilla y Goldfried 1971, establecían cinco fases que posteriormente fueron revisadas y cambiado el nombre en dos de ellas: la primera Orientación general pasó a Orientación hacia el problema; y la última de Verificación paso a llamarse Implementación de la solución y verificación. Estas etapas han de entenderse no como proceso unidireccional, pues el retroceso de etapas posteriores a anteriores se dará hasta la finalización del proceso.

1. Orientación hacia el problema:
Etapa básica de cuyos resultados dependerán el resto de las fases. Es necesario que se desarrolle una actitud positiva hacia la situación–problema y la propia capacidad para afrontarlo y resolverlo. No se debe confundir con actitud ingenua o incauta, se refiere a cuestiones como fomentar las creencias de auto-eficacia, las habilidades en el reconocimiento de los problemas, la concepción de la vida como un proceso de aprendizaje y de los problemas como oportunidades para ello. Regulación emocional para reconocer y afrontar, y la adquisición de capacidad para pensar antes de actuar.

2. Definición y formulación del problema:
Se recopila información relevante según los hechos (no siempre accesible a la conciencia). Se debe recoger en términos concretos y objetivos. Se propone utilizar el role-playing (juego adoptando posibles papeles) en imaginación para distinguir lo la información basada en hechos de la procedente de otros procesos subjetivos. Clarificación de la naturaleza del problema: se identifica y corrige cualquier distorsión sobre la situación problema que pueda interferir utilizando la Terapia Cognitiva de Beck.

Uno de los errores más frecuentes de esta fase es el anclaje del individuo en lo que la situación debería ser y no es lo que es en realidad. Solo se avanzará cuando se acepte la realidad. El establecimiento de metas realistas sería conveniente. Todo el proceso de preparación debe llevar al individuo a reevaluar el significado del problema, y a comprenderlo y definirlo ajustadamente.

3. Generación de alternativas de solución:
Se ponen en marcha las estrategias que generen numerosas soluciones al problema. Dos principios que guíen han de ser la cantidad y diversidad: cuanto más soluciones más probable encontrar una apropiada, y cuanto más diferentes mayor potencial de adaptación o ajuste a los factores implicados en el problema. Combinándose se llegará a solución óptima. El terapeuta es protagonista en ello, al igual que otras personas que pudieran haber pasado por lo mismo. Otro principio para la fase es el de aplazamiento del juicio, pues mientras se generan alternativas no se deben juzgar.

4. Toma de decisiones:
Generadas varias soluciones, se procede a valorar las alternativas. Analizar si es posible combinarlas para mejor adaptación y descartar las menos realistas o inviables. Criba para dejar 3 ó 4 expuestas. Se analizarán éstas anticipando consecuencias positivas y negativas de su implantación y se valoran subjetivamente de entre 0 (sin valor para mí) a 10 (tiene mucho valor) cada una de las alternativas tanto positivas como negativas. Se obtendrá un valor cuantitativo para poder compararlas, y se procederá luego a tomar la decisión. Puede optarse por un análisis coste-beneficio pero también pueden tenerse en cuenta otros factores subjetivos de carácter perceptivo, actitudinal, religioso, etc…

Elegida se debe contestar a algunas preguntas para tener idea de si ha sido buena opción:
¿La idea es práctica y se puede llevar a cabo? ¿es realista? O ¿es muy costosa? ¿cuánto tiempo requiere? ¿Puede ser implementada por ti o requiere que otras personas se impliquen? Las consecuencias que se anticipan de su puesta en práctica ¿llevan a resolver el problema?

5. Implementación de la solución y verificación:
Se planifica la puesta en marcha, estableciendo pasos y recursos necesarios para cada uno de ellos. Se ponen en práctica y se irán valorando a la vez. El marco conceptual de D´Zurilla para esta fase es la Teoría del control y la concepción cognitivo-conductual del auto-control: ejecución, auto-observación, auto-evaluación y auto-reforzamiento.

Fuente: Manual de técnicas de intervención cognitivas conductuales. UNED.

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