Serenidad, fortaleza y sabiduría

Muchas frases nos causan un gran impacto y solemos recurrir a ellas en tiempo de necesidad. Suelen tener varias cualidades que nos hacen considerarlas interesantes. Suelen condensar la sabiduría, nos hacen reflexionar, contienen las palabras exactas y no poseen ningún añadido superfluo. En mi caso, siempre me ha llamado poderosamente la atención la que os propongo a continuación.

Esta frase se atribuye al teólogo y filósofo americano Reinhold Niebuhr, (Wrigth City, Missouri, 1892 – Stockbridge, 1971), el cual hablaba sobre las tres cualidades que titulan este artículo, en su oración de la sabiduría.

Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar,

fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar

y sabiduría para entender la diferencia.

¿Por qué son tan importantes estas cualidades?

Reflexionemos un poco sobre ellas:

La serenidad nos permite meditar sobre las opciones sin precipitarnos, no queremos equivocarnos y no tenemos necesidad de adelantarnos a nuestro juicio. Cada cosa lleva su tiempo y entender esto es algo que la meditación nos enseña. Cuando meditamos sobre nuestro propio cuerpo y observamos nuestras sensaciones, vemos la frugalidad de todo. Algunas cosas llevan más tiempo y otras menos, y cada vez le damos menos importancia a lo material. Cada cosa cae por su propio peso y de nada vale resistirse a ello si es futil.

Con respecto a la fortaleza, hay que ser consciente de que para actuar, a veces, hay que hacerlo con firmeza. Nuestra voluntad debe ser inquebrantable. Posterior a la serenidad, una vez meditado y tomada la decisión, actuamos con energía. Todos los seres vivos lo hacen, incluso las flores. Luchan por obtener la luz del sol.

Y… ¿Qué sería de nosotros sin la sabiduría?

Hace falta un disertimiento que se halla gracias a la visión cabal. La meditación vipassana nos ayuda a ello. Una reflexión sin dejarnos llevar por las emociones. La mente es un organo muy útil pero no debe utilizarnos a nosotros, sino nosotros a ella. Debemos preguntarnos cosas, puesto que el ignorante afirma pero el sabio duda. La mayor sabiduría que podemos obtener es conocernos a nosotros mismos. Y por supuesto demostrarlo con actos, puesto que el sabio no enseña con palabras. Al final de nuestra vida no nos preguntaran qué sabemos, sino qué hemos hecho.

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