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Vivir acorde a nuestra esencia

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La persona es fruto de millones de años de evolución genética. A través de la selección natural hemos adquirido las habilidades innatas a nuestra especie que nos permiten vivir la vida.

Desde muy temprano vamos adquiriendo la conciencia de quienes somos y a quien aspiramos a convertirnos, pero los estándares impuestos por la sociedad en muchos casos nos alejan de nuestro camino y de nuestros primigenios y esenciales sentimientos de ser humano.

Cuando los estándares impuestos no coinciden con nuestra esencia tendemos a adaptarnos desde la resignación y a desalentarnos con los éxitos y los fracasos de los que nos rodean.

Pero la finalidad con la que venimos a esta Vida sigue en nuestro interior, dándonos pistas para que volvamos a ella y así podamos hacerla nuestro estandarte y nos complemente para andar uno de los caminos a la felicidad.

Cuando la persona inquieta logra volver a su camino, o simplemente nunca ha dejado de transitar por él siente la mayor de las libertades y cualquier paso es gozoso y enriquecedor.

Pero cuando uno persiste en el camino distinto, y no puede o no quiere o no sabe interpretar las señales de sus instintos esenciales, es cuando entra en una crisis profunda que le puede llevar a incluso descartar el más primigenio de los instintos, la supervivencia.

El sendero se vuelve trágico, y el coste puede ser muy elevado. A pesar de la dureza y crueldad de esos momentos, es cuando la persona debe hacer lo más sencillo, que no inmediato, hacer una parada en su Vida y volver a sentir sus instintos primigenios.

Esto es muy doloroso, pues consiste en arrancar capas de nuestra propia piel, que se han pegado a nosotros tras años de persistencia en la negación de nuestra esencia, hasta que logras tocar lo más esencial y básico de nuestro ser y sientes la fuerza de la Vida en todo tu Cuerpo, y lo más importante sientes una energía potente y limpia que sana tu Alma.

Las capas de piel arrancada no se tienen que tirar a la basura, son nuestras vivencias y experiencias y conocimientos; pero si deben ser saneadas e impedir que vuelvan a ser parte de nosotros. Por ello debemos mantenerlas para identificar los senderos que nos llevaron a la más crítica de nuestras vivencias, así cuando vuelvan a presentarse en nuestro caminar no volvamos a transitar los.

¿Y ahora qué? La respuesta en este caso es igualmente sencilla, ahora solo Vivir.

Jerónimo Maderal Jiménez

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