Ignacio de Loyola

Ignacio de Loyola

Ignacio de Loyola es una de esas personas que, sin tener una vida demasiado impresionante, realmente te cambia la vida. Para ello debes conocerlo bien y dejar de lado las religiones, si no eres religioso, y ver la persona que fue y el desarrollo espiritual que sufrió.

Ignacio nació dentro de una familia acomodada, a finales del siglo XVI, pero no era heredero de la herencia familiar, puesto que era el menor de 13 hermanos. Su futuro debería de fraguarse de otra forma. Gracias a sus contactos, pudo acercarse a la corte española y empezar a saborear las mieles de dicha vida. Pero un inesperado giro, hizo que la persona que lo promocionaba perdiera, a su vez, el apoyo. Además era libertino, se metía en problemas y tuvo incluso antecedentes que quedaron grabados para la posteridad.

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El origen de la creencia en la reencarnación

Reencarnación

Hace miles de años, una tribu de nómadas, los arios, provenientes de la actual Rusia, bajaron de las estepas congeladas buscando una tierra mejor, una temperatura más cálida y una nueva patria. Así llegaron al valle del Indo, donde vivía una civilización más o menos pacífica. Los arios, blancos de piel y en su mayoría rubios, con mejores armas y con grandes carros tirados por caballos sometieron rapidamente a los habitantes de la zona. Una vez conquistada la tierra crearon un fuerte sistema de castas donde ellos ocupaban la cúspide. Las clases más bajas estaban destinadas, por supuesto, para los autóctonos, de piel oscura. Así se construyó rápidamente una sociedad clasista, racista y de castas, y sobre todo introdujeron un concepto nuevo: La reencarnación

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Origen del budismo Zen

Origen del budismo Zen

Es importante conocer la historia para no cometer los errores de nuestros antepasados. Pero principalmente para poder comprender el origen y el resultado del momento actual. Siempre me he considerado un apasionado de la historia. Por ello he buscado siempre los textos originales de distintas filosofías o religiones. Una pregunta que me hacía era el por qué el budismo tomó diferentes ramas, como el budismo tibetano o el budismo zen. Este artículo se centra en el origen del budismo zen y las particularidades que conlleva esta rama.

El origen del budismo zen

El budismo se introduce en Japón hacia el siglo V. Con mucha rapidez se desarrollaron diferentes escuelas de origen coreano o chino junto a la religión autóctona, el Shintô (la «vía de los dioses»).

En torno al siglo XIII el budismo japonés, ya próspero, se renueva profundamente gracias a varios reformadores excepcionales. Uno de ellos, el maestro Dôgen (1200-1253), implanta en el país la rama Sôtô (en chino, Caodong) del budismo zen (Chan). La vía recibida de su maestro, Nyojô (en chino, Rujing) se centraba en shikantaza, simplemente sentado, el zazen practicado bajo la dirección de un maestro y entendido, no como proceso de progresiva liberación de las ilusiones, sino como acceso inmediato y universal al despertar del Buda y de los patriarcas.

Al maestro Dôgen se le considera uno de los más profundos y más originales pensadores que Japón haya conocido. Su obra capital, el Shôbôgenzô (El Tesoro del ojo de la verdadera Ley), reúne 95 fascículos escritos en diferentes períodos de su vida y para diversos públicos. Su despertar se expresa igualmente en las reglas que redactó para su comunidad monástica (Eihei Shingi, la Regla pura del templo de la paz eterna).

Una de sus mayores innovaciones fue proponer los mismos preceptos para laicos, monjes y monjas, y reducirlos a 16 (frente a los 350 para monjas, 250 para monjes y 48 para laicos). Además de su tarea de enseñanza fundó dos templos, de los cuales uno, Eihei-ji, Templo de la Paz eterna, es hoy uno de los principales templos del zen Sôtô en Japón.

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Breve historia del pueblo tibetano

Breve historia del pueblo tibetano

Las paradojas en la historia son bastante comunes y aunque parezca difícil de creer, el pueblo del Tíbet era un pueblo guerrero. Por ello me parece imprescindible escribir una breve historia del pueblo tibetano. Este pueblo era bastante temido por los pueblos vecinos por su crueldad extrema. Existían sacerdotes que practicaban un tipo de magia negra de una religión antigua, llamada Bön, que según cuentan sus propias leyendas eran capaces de incluso dominar el clima, para combatir a sus enemigos (sic).

Vivían en uno de los lugares más inhóspitos del planeta, llegando a soportar temperaturas mínimas de hasta 20º bajo cero. Hace unos 2.300 años, un rey mítico llamado Nyakhri Tsampo inició una dinastía de 30 reyes que gobernaron hasta que apareció el primer rey budista en el siglo VII de nuestra era.

Sin embargo, ese pueblo guerrero y bárbaro se convirtió en el pueblo más pacífico del mundo. De algún modo misterioso y de una manera única en la historia de la humanidad, ese pueblo abrazó los conceptos más profundos de la civilización humana hasta el punto que se convirtió en su forma de vida. Dejaron de un lado las armas y las técnicas de combate y decidieron cultivar otras técnicas como la compasión y la meditación. Entre sus máximas se encontraba el ayudar a los demás, un respeto extremo a toda forma de vida y no permitir que las emociones nublaran sus pensamientos. Comprendieron que la vida es transitoria y dejaron de tenerle miedo a la muerte, puesto que pensaban que lo que hicieran en esta vida les reportaría bienestar (o malestar) en otra vida venidera. Curiosamente, dos milenios después siguieron manteniendo ciertas tradiciones que le recordaban su pasado guerrero, como competiciones a lomos de caballos y otros rituales. ¿Qué le paso a ese pueblo para que cambiara 180º en el Siglo VII d.C? Simplemente, abrazaron el Budismo.

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