Meditación para niños

La meditación para niños debe ser una práctica que realicen todos los padres o tutores, para ayudar a los niños. No hay nada más importante que su educación, por ello trataremos de integrar el mindfulness con la educación de los niños en este artículo. Empezaremos recordando conceptos básicos.

¿Qué es la meditación?

La meditación es una actividad intelectual en la que se busca lograr un estado de atención centralizada en un pensamiento o sentimiento (felicidad, tranquilidad, armonía). Puede ser un objeto (una piedra), la concentración propiamente dicha, o algún elemento de la percepción (los latidos del corazón, la respiración, el calor corporal…). Este estado se revive en el tiempo presente y hace liberar la cabeza de la persona de pensamientos tóxicos. Practicar esto se refiere a pensar que va a servir para mejorar la calidad de la persona en ciertos aspectos.

Pero no implica creer en ideas relacionadas con el dualismo, los espíritus, los dioses o la vida después de la muerte. Es por eso que con particularidad se usa la palabra Mindfulness para referirse acerca de una especie de meditación hecho en los principios de la ciencia. Una versión sistematizada y “aconfesional” de la meditación, capaz de ser moldeada por los descubrimientos científicos y orientada hacia objetivos concretos y “terrenales”.

Esto es esencial no solo debido a que desvincula la mindfulness de la religión. También lo es debido a que lo convierte en una ayuda cuya modalidad de aplicación está bien consensuada. Por lo tanto, es posible descubrir con ella desde distintos grupos científicos y en cualquier lugar del mundo conociendo que todas los individuos han seguido los mismos principios a la hora de realizar Mindfulness.

Es decir, que permite comparar casos y cruzar datos de diferentes investigaciones, además de garantizar que todos los equipos de investigación han hecho lo mismo.

¿Por qué es bueno implementar el mindfulness hacia los niños?

Beneficios de practicar meditación para los niños.

La meta de practicar meditación con nuestros hijos es brindarles habilidades para evolucionar su consciencia sobre sus experiencias interiores y exteriores. Reconocer sus pensamientos como “sólo pensamientos”, entender como las emociones se manifiestan en sus cuerpos. También cuando su atención se distrae, y proveer herramientas para impulsar un mejor control. La meditación no es la panacea, y no va a eliminar por completo lo que, francamente, es el comportamiento normal de un niño, como berrinches y gritos y lloriqueos y discusiones.

No lo fuerces.

Si tus hijos no están interesados en tu lección o actividad, déjalo estar. ¡Este será un buen momento para que practiques el desapego a los objetivos! Cultivar la práctica de los ejercicios de meditación para niños es altamente beneficioso tanto para los adultos como para los pequeños.

Te dejo con una lista de ejercicios que puedes practicar a partir de hoy:

¡Espero que te guste!

Escucha la campana.

En esta actividad se tratará de escuchar el sonido de un instrumento hasta que se calle. Para esta actividad debemos utilizar instrumentos con una gran vibración como un cuenco tibetano, un armonizador o una campana. Si no tienes a mano ninguno, puedes usar un vídeo de internet o descargarte una aplicación para el móvil.

Recomiendo la app gratuita Insight Timer, disponible para iPhone y Android.

El sonido normalmente dura entre 30 segundos y un minuto.

Mírame a los ojos

Este juego es precioso. Además de desarrollar la atención es una herramienta maravillosa para despertar la empatía y crear vínculos afectivos con los hermanos, padres o amigos.  Nos sentamos por parejas uno frente al otro. Durante un tiempo tenemos que mirarnos a los ojos sin perder el contacto. ¡Ese será nuestro foco de atención!

Quietos como una rana

Este es un ejercicio que cada vez se utiliza más. Se trata de que los niños mediten imaginando que son ranas y adopten su postura. De esta forma concentrarán su atención en respirar y en cómo aumenta y disminuye su tripa. Todo ese rato se conseguirá que estén atentos y centrados en su respiración.

Aline Snel ha publicado un libro titulado “Tranquilos y atentos como una rana“, en el que enseña a calmar y tranquilizar a los niños. Este es uno de las actividades de mindfulness para los hijos, más populares.

Haz meditación caminando

Este ejercicio puede ser de los más reveladores. Aprovecha uno de los paseos habituales para alentar a tu hijo observar todos los sonidos que pueda durante 60 segundos. Si vives en la ciudad, percibirá mucho mejor el rugir de fondo de las personas y los coches, la música de las tiendas e incluso sus propios pasos.

¡Verás cómo descubre un montón de cosas nuevas!

Práctica con un amigo que respira

Para los pequeños de la casa, la instrucción de simplemente “parar atención a la respiración” puede ser difícil de comprender. Este ejercicio fue inventado por Daniel Goleman, quien validó científicamente sus beneficios. Consiste en que el niño elija un peluche o muñeco, y lo ponga sobre su barriga estando tumbado. Entonces debe focalizar su atención en el subir y bajar del animal en el entrar y salir del aire.

Establece una práctica de gratitud

Dar las gracias es un elemento importante del mindfulness. Enseña a nuestros hijos a apreciar la abundancia inmaterial que hay en sus vidas. De este modo, tal vez le resten importancia a los juguetes o a las chuches que tanto desean.

Haz un frasco de la calma

Pasando un vaso de agua entre los niños se observa cómo la tranquilidad y la calma son claves para no derramar ni una gota. Algunos profesores lo usan antes de comenzar sus clases para poder rebajar el nivel de agitación de algunos alumnos.

Medita sobre lo que comes

Si mientras el niño come, le haces ver que la comida proviene de los seres vivos, estos necesitan agua y tierra, que las propias nubes hacen llover el agua que los mantiene… se darán cuenta que el ciclo de la vida es infinito y que todos formamos parte de ella. Esta meditación es muy valiosa para los niños.

 

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