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El hambre emocional

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Si comer no fuera un placer nos alimentaríamos exclusivamente de batidos preparados con las cantidades necesarias de proteínas, hidratos y grasas. De esa forma se reducirían notablemente las enfermedades derivadas de una mala alimentación. De hecho, los astronautas se alimentan de este tipo de productos, e incluso hay compañías que los comercializan para aquellos curiosos que quieran probar. Pero, ¿por qué no triunfan estos productos? El motivo es que comer es una forma de sentir placer y, además, es una actividad social. Pero a veces, esto se nos va de las manos y llegamos a lo que se llama el hambre emocional.

¿Qué es el hambre emocional?

Es aquello que nos impulsa a comer, normalmente productos con elevado contenido en azúcares o grasas, por una mala gestión de las emociones negativas.

Cuando discutimos o tenemos un mal día en el trabajo, lo primero que hacemos cuando llegamos a casa no es meditar, hacer yoga, relajación, escuchar música clásica o ponernos a escribir. No. Lo primero que hacemos es abrir el frigorífico. Y normalmente no para coger una manzana o una zanahoria. Nos abalanzamos por la tableta de chocolate (o similares).

El hambre emocional es aquella sensación que lleva a comer de forma injustificada. Sin hambre real, sin motivo o situación real. Se trata de un estado de «confusión interna», según el cual el sujeto une la comida a las emociones” – África Urbano, psicóloga de la Unidad de Obesidad del Hospital Universitario HM Montepríncipeen Boadilla del Monte (Madrid).

¿Qué origina el hambre emocional?

Como decíamos, al no poder gestionar correctamente algunas emociones negativas, nos sentimos impulsados hacia comer de forma compulsiva. Estas emociones pueden ir desde el simple aburrimiento, a una fuerte depresión. Dentro de ese abanico existen toda escala de grises como el estrés del trabajo, la autoestima baja o las discusiones familiares. El ser humano no quiere tener estas emociones y trata de contrarrestarlas de una forma rápida y fácil. Y puesto que comer genera placer, como hemos dicho anteriormente, asociamos emoción negativa con comida rápida.

Después de comer nos sentimos bien, satisfechos, pero por poco tiempo. Después vienen los remordimientos y más a largo plazo problemas más importantes como la obesidad o diabetes. Incluso, la patología se puede complicar aún más, porque hay quienes para contrarrestar el sentimiento de culpa por el atracón recurren a provocarse el vómito generando un trastorno bulímico.

Un dato muy importante es aprender a diferenciar el hambre real del hambre emocional. Normalmente, el hambre normal aparece lentamente y no de forma súbita como el emocional. Además, como decíamos anteriormente, el hambre compulsivo tiende a demandar alimentos con muchísimas calorías. Después te genera malestar, tanto físico (por el atracón) como psicológico (por la culpa)

¿Cómo combatir el hambre emocional?

  1. Por regla general debemos prevenir que aparezca, en vez de luchar contra él una vez que ha aparecido. Este dato es muy importante y en él radica el éxito de la terapia.
  2. Si sufrimos de hambre emocional, lo mejor es tener una dieta equilibrada. Comer 5 veces al día para no confundir el hambre normal con el emocional.
  3. Tener siempre controlada la comida. Al prever lo que vamos a comer evitamos las improvisaciones con la dieta, lo que suele desencadenar en una mala alimentación.
  4. No tener en casa nunca alimentos que nos puedan tentar. No tomar bebidas light, existen estudios que afirman que el aspartamo puede aumentar el hambre y por lo tanto el consumo calórico (1) (2)
  5. Beber más de dos litros de agua al día. No solo está probado que el agua es buena para depurar el cuerpo sino para controlar el apetito y, por tanto, ayudar a la pérdida de peso.

Un último consejo:

En la línea de la alimentación consciente, existe un tipo de meditación asociada a la comida. Comúnmente llamado Mindful Eating que puedes explorar en este enlace.

ESTUDIOS:

(1) Blundell JE & Hill AJ. (1986). Paradoxical effects of an intense sweetener (aspartame) on appetite. Lancet, 1, 1092–1093.

(2) Swithers SE & Davidson TL. (2008). A role for sweet taste. Calorie predictive relations in energy regulation by rats. Behavioral Neuroscience, 122, 161–173.

(3) https://fralin.vt.edu/Faculty/BrendaDavy.html
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