Cuántas veces te han preguntado si crees en el destino. Según el momento de nuestra vida, nuestra opinión puede variar, pero es indudable que científicamente esta creencia no se puede sostener. Pero vamos a analizarla a ver que conclusiones podemos sacar.

¿Qué es el destino?

La existencia del destino supone que nada ocurre por azar sino que todo tiene una causa ya predestinada, es decir, los acontecimientos no surgen de la nada sino de esta fuerza desconocida.

La corriente filosófica del determinismo señala que todos los pensamientos y acciones humanas se encuentran causalmente determinados por una cadena de causa y consecuencia. Para el determinismo fuerte, no existe ningún suceso que sea azaroso, mientras que el determinismo débil sostiene que existe una correlación entre el presente y el futuro sometida la influencia de sucesos aleatorios.

Para muchas religiones, es un plan creado por Dios que no puede ser alterado por los seres humanos.
El cristianismo, en cambio, no cree que exista una predestinación absoluta y sostiene que Dios ha dotado al hombre del libre albedrío (el poder para tomar sus propias decisiones).

Las personas que creen en la existencia de un camino predeterminado suelen consultar a especialistas en el campo de las ciencias ocultas para que les digan qué es lo que les espera en el futuro. En tal caso, suele realizarse la lectura de la línea de la mano, donde éste se plasma, según lo afirman quienes creen en estas cuestiones.

El budismo y el destino

Una de las preguntas más profundas que existen, y que la mayoría de nosotros nos planteamos en un momento u otro es:

¿Por qué estoy aquí?
¿Hay algún motivo concreto detrás de mi existencia, o todo es una simple casualidad?
¿Existe el destino?
¿Tengo una misión aquí, o algo que se le parezca?

Hay un motivo por el cual estás aquí. Responder a la cuestión de vida y destino (si existe el destino o no) depende de qué entendemos por el camino. Si consideramos que el destino consiste en un conjunto de hechos que van a suceder sí o sí, entonces no existe. No hay predestinación. Tu camino no está escrito. Ahora bien, lo que sí que existe es una respuesta a la pregunta ¿por qué estás aquí?

Hay un motivo que te ha traído a este planeta. Tú decidiste venir a la Tierra por una razón. Generalmente nos cuesta un poco aceptar esta idea, pero la verdad es que tiene toda la lógica del mundo. Al fin y al cabo, siempre que hacemos algo, lo hacemos por un motivo. ¿Por qué vas a trabajar cada día? ¿Por qué cuidas de tus hijos? ¿Por qué estás leyendo este artículo ahora mismo?

Siempre hay una razón. Todas las preguntas que empiezan por “por qué” tienen una respuesta concreta. Tienes libertad para elegir tu camino. Sin embargo, que decidieras venir a la Tierra con un objetivo en mente no significa que tengas que cumplirlo. Una vez aquí, tienes libertad absoluta para tomar las decisiones que quieras. Así que puedes seguir el camino que te marcaste antes de venir, o no. Imagínate, por ejemplo, que un día sales de casa para ir a comprar pan. Este es el motivo que te ha puesto en marcha. Así que, si cuando ya estás en la calle te preguntas a ti mismo “¿por qué estoy aquí?”, la respuesta será: porqué he salido a comprar pan. Ahora bien, puede ser que acabes no comprándolo.
Puede ser que te encuentres a un amigo y que decidáis ir a tomar algo, por ejemplo. O que cambies de opinión por el camino y que decidas comprar otra cosa. Y si eres nuevo en el barrio, también puede pasar que te pierdas y que no encuentres la panadería.

De forma similar, puede ser que acabes no haciendo lo que has venido a hacer aquí en la Tierra. Ya sea porque cambias de opinión, o porque te pierdes por el camino. ¿Qué pasa si no haces lo que has venido a hacer? En principio, no pasa nada grave si no haces lo que has venido a hacer. Nadie te va a castigar. Para el universo, lo más importante es tu libertad, no lo que haces con ella. Sin embargo, sí puede haber algunas consecuencias. Si seguimos con el ejemplo de pan, imagínate que vuelves a casa sin haberlo comprado, ¿cómo te sentirías en este caso? Es posible que pienses: “vaya, me apetecía comer pan, por eso salí de casa, y ahora no tengo. Creo que volveré a salir.”.

Este es el motivo principal por el que existe la reencarnación, según el budismo. No es para pagar por errores de vidas pasadas, es para completar proyectos que nos apetecía llevar a cabo, y que no terminamos. Todos venimos a la Tierra a hacer cosas que nos apetece hacer. Si no las hacemos, cuando dejamos el planeta pensamos: “¡ostras!, me quedé a medias de un proyecto interesantísimo. ¡Voy para allá otra vez!” Así que lo mejor que puedes hacer en tu estancia en este planeta es dedicarte a lo que realmente amas. Este es el motivo por el que estás aquí. Esto es lo que te ha traído a la Tierra.

¿Casualidad o causalidad?

Los que no creemos en la reencarnación o el karma, creemos en la causalidad de las cosas. Es cierto que a veces suceden cosas que nos sorprenden: conocer a alguien en un determinado lugar en curiosas circunstancias, esa suerte que un día aparece de modo inesperado. Esa elección que tomamos sin saber muy bien porqué.

¿Es la casualidad? ¿O puede ser tal vez a una rara causalidad?

Bien es verdad que es muy recomendable disponer de una mente abierta, de un modo de pensar en el que no pongamos cerrojos u obstáculos ante toda la información y estímulos que nos rodean y nos van llegando sin descanso. Pero la cuestión se centra en que si aceptamos la existencia del destino, asumimos que parte de lo que nos sucede está marcado por los designios de quién sabe qué. Es algo que escapa por completo a nuestra comprensión y puede que incluso hasta a nuestra propia consciencia. Entonces, ¿dónde están los hilos de nuestra responsabilidad? ¿Cómo ser responsable de algo que ni siquiera controlamos?

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