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La importancia del silencio

El silencio es el lugar de donde surge la inspiración. Sin el silencio es imposible que exista el sonido, si trasladamos eso a nuestra vida, sin quietud no puede existir la acción. El silencio es la base, es nuestra casa, nos impregna con ese embriagador sonido, el cual, existe pero se siente de otra forma.

Cuando hacemos meditación buscamos acomodo donde sea, a veces nos sentimos agusto siguiendo alguna cadena de pensamientos, hasta que somos conscientes y volvemos a nuestra meditación. Otras veces nos quedamos ensimismados inconscientemente con algún recuerdo anquilosado o simplemente con alguna sensación interna. De nuevo nos damos cuenta que nos estamos desviando de nuestra meta meditativa.

El silencio en la tradición religiosa

Dentro de la religión se puede buscar y encontrar el silencio y mediante otros métodos también se puede encontrar el mismo silencio. Como podemos darnos cuenta, lo que difiere es el enfoque. Estoy bastante interesado en como el cristianismo trata el silencio, y sacerdotes como Pablo d’Ors me han enseñado mucho a través de sus libros. Es una tradición que, aunque sea poco conocida, tiene muchos exponentes.

¿Cómo podemos oír el silencio?

Por paradójico que parezca, estando en silencio. Pero no un silencio que se limite a no abrir la boca. Debe ser un silencio interno, mental. Eso no implica tener la mente en blanco, eso es un mito, nadie ha conseguido ni conseguirá eso, más que unos segundos. Estar en silencio mental implica estar consciente de lo que fluye por tu mente, sea lo que sea, y poder ser capaz de no aferrarte a ningún pensamiento. Es justo en este punto cuando uno es consciente del silencio, entonces podríamos decir alegóricamente que oímos el silencio. Un silencio atronador, es mi oximoron favorito.

Los silencios ¿son incómodos?

Al contrario. Los silencios son muy cómodos. Me permiten volver a situarme en el momento presente. Es como recalibrarme. A veces estoy en un momento presente continuo, otras estoy bastante disperso. La mayoría de las veces el silencio está en el fondo de mi como un “murmullo” que me permite estar más anclado a la realidad. Pero entiendo que haya gente que le moleste estar en silencio y, además, delante de otra gente. Si tienen en su mente problemas, o acarrean resentimiento, cuando estén en silencio serán esos pensamientos desagradables los que aflorarán. Solo personas con mucha presencia son capaces de controlarlo.

La importancia del silencio

Mi formación en psicología me ha hecho siempre buscar estudios científicos que avalen lo que me han enseñado sobre silencio y meditación. Me gustaría exponer un breve resumen:

La meditación y, por ende, el silencio (bien entendido) produce cambios morfológicos en el cerebro. Permite que la corteza prefrontal pueda inhibir el sistema límbico de mejor manera. Dicho de otra forma, permite que podamos controlar mejor las emociones, no ser esclavo de ellas. No significa no sentir emociones ni mucho menos, simplemente no ponemos el piloto automático y nos dejamos llevar. También aumenta la concentración, estamos más calmados, ayuda a dormir mejor, hay estudios que demuestran que incluso aumenta la compasión.

Como sabemos, el sistema neurológico, el sistema hormonal y el sistema inmune están conectados gracias al hipotálamo. Por lo tanto si tenemos un sistema neurológico sano es entendible que sus beneficios repercutirán en el resto del cuerpo.

Aparte, nuevos estudios de epigenética hablan que incluso la meditación pueden modular los genes. Permitiendo su expresión y aportando dicha información a nuestros hijos. Devolviendo un poco la importancia a Lamarck, aunque estos estudios están aún en “pañales” demostrarían que todos estos beneficios son transferibles a las generaciones venideras.

El silencio puede regenerar la normalidad del cerebro

Más allá de que estos estímulos incidan en nuestro estado emocional, la ciencia también ha comprobado que afecta el cerebro. Según un estudio llevado a cabo en Alemania por el Research Center for Regenerative Therapies Dresden, hay procesos cerebrales que solo se pueden llevar a cabo en silencio. No hace mucho se creía que las neuronas no podían regenerarse. Sin embargo, con el desarrollo de la neurogénesis se ha comprobado que esto es un error.

Todavía no está muy claro qué es exactamente lo que promueve la regeneración neuronal y cerebral. Pero ya hay pistas valiosas al respecto, y una de ellas es el silencio.

Experimentando con el silencio

Los investigadores alemanes hicieron en principio un experimento con un grupo de ratones. El estudio consistía en dejarlos en completa tranquilidad durante dos horas al día. Al mismo tiempo se haría una observación de sus cerebros para ver si esto originaba algún cambio. El resultado fue contundente.

Tras un tiempo de estar sometidos a esta rutina, pudo observarse que en todos los ratones estudiados se había producido un crecimiento del número de células dentro del hipocampo. Esta es la región del cerebro que regula las emociones, la memoria y el aprendizaje.

Los expertos también constataron que las nuevas células nerviosas se integraban progresivamente en el sistema nervioso central y que luego se especializaban en diferentes funciones. Para finalizar, el silencio produjo un cambio muy positivo en la mente de los animales.

¿Por qué es importante el silencio?

El silencio ayuda a estructurar la información. El cerebro nunca descansa, incluso cuando en un estado de calma estamos completamente quietos o dormimos. Este maravilloso órgano sigue funcionando, pero de una manera diferente. Cuando el cuerpo descansa comienzan a desarrollarse otros procesos que complementan los que se realizan cuando estamos activos. Lo que sucede básicamente es que se produce una especie de depuración.

El cerebro evalúa la información y las experiencias a las que hemos estado expuestos a lo largo del día. Luego organiza e integra la información relevante y desecha lo que no es importante. Este proceso es completamente inconsciente, pero produce efectos conscientes.

Por eso sucede que a veces encontramos respuestas durante el sueño. O logramos ver las cosas desde un nuevo punto de vista, después de haber descansado algunas horas. Lo interesante de todo esto es que un proceso similar también se produce cuando estamos en silencio. La ausencia de estímulos auditivos tiene casi el mismo efecto que el descanso.

Por lo general, lleva a que pensemos en nosotros mismos y esto depura las emociones y reafirma la identidad.

Los importantes efectos del silencio sobre el estrés

No solamente nos vuelve más inteligentes, creativos y seguros. También tiene efectos muy positivos sobre los estados de angustia. Los seres humanos somos muy sensibles al ruido. Tanto, que muchas veces despertamos sobresaltados por un objeto que cayó o por un sonido extraño. Una investigación que se realizó en la Universidad de Cornell encontró que los niños que viven cerca de los aeropuertos mantienen un elevado nivel de estrés. También tienen una presión arterial más alta y presentan altos índices de cortisol, la hormona del estrés. Por fortuna, también ocurre lo contrario.

Esto lo evidenció un estudio de la Universidad de Pavia, en el que se verificó que tan solo dos minutos sin ruido absoluto son más enriquecedores que escuchar música relajante. De hecho, se evidenció que la presión sanguínea disminuía y que las personas lograban sentirse más despiertas y tranquilas después de este pequeño baño de silencio. Como se observa, el silencio produce grandes beneficios tanto intelectuales como emocionales. Podríamos afirmar que mantenerte en silencio, al menos por pequeños lapsos al día, es un factor determinante en la salud cerebral. Y con ello, un elemento decisivo para mejorar nuestro estado emocional, salud y calidad de vida.

Las enseñanzas de Pablo d’Ors sobre el silencio

“Hacer este viaje interior exige un talante nómada y, por lo tanto, aventurero”, avisa d’Ors, “las personas que lo hacen suelen tener una gran capacidad de apuesta personal y de riesgo; los que tienen una filosofía de vida cómoda y burguesa en el peor sentido de la palabra difícilmente van a emprender ese camino, porque es un camino de vaciamiento, de desierto, de desnudez y de pobreza. Y en general no nos gusta la pobreza, nos gusta la riqueza. No nos gusta el vacío, nos gusta la plenitud”.

Para Pablo d’Ors, quien fue discípulo de Franz Jalics, educar en el silencio es una cuestión de vital importancia: “Estoy seguro de que si no educamos en el silencio a nuestros hijos y a nosotros mismos todas esas imágenes, palabras y sonidos con los que la vida nos bombardea no nos van a construir, sino que nos van a destruir”. Y es que, en su opinión, “sin silencio no hay interioridad, sin silencio no hay espiritualidad. El silencio es la condición de que podamos oír y sentir todo lo demás”.

¿Y qué es el ruido? d’Ors considera que “el ruido revela la incapacidad del ser humano para estar con uno mismo. Cuando una persona dice que no le gusta la soledad está diciendo que no le gusta convivir consigo mismo” y es un problema bastante extendido, pues, afirma el escritor, “nuestro principal problema es que estamos fuera de nosotros mismos, alejados de nuestro centro. Nuestra solución pasa por volver a nuestro centro. El camino, ese retorno a la patria, al hogar, a nuestro centro, es el camino del silencio”.

Educar en el silencio para que las palabras alimenten el alma

Aclara Pablo d’Ors que “silencio y palabra no son opuestos. Lo que se opone al silencio es el ruido”. Pero no vale cualquier tipo de palabras, sino “las que alimentan el alma, como es la poesía o es el relato”, porque “te abren al silencio y a la imaginación, que en los niños es fundamental”.

Cuatro propuestas para educar en el silencio

La primera propuesta se refiere a la palabra. Y para explicar la propuesta, nos cuenta una historia:

“En medio de un bosque, vivía un sabio que había hecho voto de silencio. Todas las tardes los discípulos le iban a visitar porque querían pedirle una palabra que les ayudara a vivir. Pero este sabio no les concedía esta palabra. Pasaron los años y este sabio se decidió a dar la palabra que podía ayudar a sus discípulos. La palabra era “fuego” y entonces el bosque en el que vivía este anciano ardió”.

Para Pablo d’Ors, “cuando una palabra es capaz de realizar aquello que enuncia, es una palabra preñada de verdad. Y esta palabra fue capaz de realizar lo que enunciaba porque había sido fraguada por años de silencio. Palabra y silencio son las dos caras de la moneda”. Pero este no es el único mensaje. Nos dice Pablo que ha observado que “cuando he empezado a contaros la historia estabais más atentos, porque el relato tiene una fuerza que no tiene el discurso. Educar en el silencio es educar también en la fuerza del relato”, en la imaginación.

La segunda propuesta es la palabra poética, que “tiene poder, las palabras poéticas alimentan el alma y las que no son poéticas amueblan la cabeza”. ¿Cómo educar en el silencio con palabras poéticas, que tengan imagen detrás y susciten en los niños la capacidad de evocar? Nos dice Pablo d’Ors que “recitar atenta y amorosamente una palabra, como un mantra, podríamos decir, nos va introduciendo en el silencio”.

La tercera propuesta tiene que ver con el cuerpo, con el espacio: “Para educar en el silencio es bueno tener una sala de silencio, un espacio para la meditación que requiere ser ambientado: luces más tenues, encender una vela, quemar una barra de incienso. Eso va generando el ritual. Cuidar lo exterior, la escenografía, es una manera de cuidar lo interior, porque lo exterior es un reflejo de lo interior”, afirma el experto.

La última propuesta tiene que ver con la postura corporal para meditar. Pablo d’Ors se arrodilla en el suelo “porque la actitud fundamental para meditar es la humildad, la receptividad”. Otra de las claves posturales es “meditar con las manos unidas a la altura del pecho. Se trata de unir, de unificar, de recoger”. Una tercera clave corporal es “la quietud, enseñar a estar quietos”, que sabe Pablo d’Ors que es todo un reto para nuestros hijos, inquietos por naturaleza. Por eso nos propone un juego: “La quietud es un entrenamiento. A ello puede ayudar contar las respiraciones. Podemos plantear a los niños el desafío de contar hasta 10 sus respiraciones y totalmente quieto, pierde quien se mueva”.

Pablo d’Ors resalta que “estas cuatro claves invitan a vivir la educación a la interioridad creando rituales de conciencia”. Con estos rituales, “por medio del cuerpo y por medio de la palabra estamos invitando a descubrir el mundo interior”. “La educación en la interioridad debe ir de la mano de la educación en la creatividad”, señala Pablo, que subraya que en este aspecto de educar en el silencio la clave está, como en todo, en el ejemplo: “Podremos dar a nuestros hijos, a los niños y a los jóvenes, silencio y meditación si somos silenciosos y meditadores”.

Fuentes: 
Elaboración propia, estudios universitarios y declaraciones de Pablo d'Ors escogidas de "https://gestionandohijos.com/blog/"
Mindful Man: Muchos años recorriendo el camino... acompáñame.

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