La medicina y un cuento sufí

En la pared de un hospital, encontré un pequeño cuento acompañado de dibujos que relacionaba la medicina con un cuento sufí. Admirador de estos relatos, rápidamente le presté atención y procedí a anotarlo en un cuaderno, para posteriormente publicarlo. Para ser honesto, no solo me gustó la relación sino que me hizo profundizar en el hecho “milagroso” de cómo se forman las perlas…

El cuento sufí de las perlas

Cuenta la leyenda que en primavera al caer la lluvia en alta mar, en algún lugar de las profundidades, pequeñas ostras se elevan desde el fondo y viajan a la superficie. Es un viaje largo y agotador, pero tras muchos sacrificios, llegan a su destino.

Una vez allí, reciben con “la boca abierta”, una gota de lluvia. No se sabe por qué (ni los más ancianos lo saben) pero después de tener esta gotita de lluvia celestial, vuelven de nuevo a lo más profundo… de nuevo a la oscuridad.

Pocos son los afortunados que reciben de la providencia el don del valor. Pocos son, también, los que pueden contener suficiente tiempo el aire en sus pulmones como para llegar al fondo del mar. Por eso, solo quien respira hondo y tiene el valor de lanzarse al agua y busca, encontrará una ostra perlífera.

El buscador de perlas, no solo debe bucear a las profundidades del océano, sino que debe además conseguir abrir la concha. 

¿Como se forman las perlas naturales?

Cuando una partícula extraña entra en una ostra, ésta la cubre lentamente de una mezcla de cristales y una proteína, formando nácar. Así es capaz de transformar una serie de desechos en una joya preciosa. Por eso tenemos varios elementos para poder extraer del cuento sufí: partícula extraña, proceso de transformación y joya preciosa.

La medicina, en el cuento sufí

La sección de rayos del hospital donde me encontraba, explicaba que su misión era encontrar esa partícula extraña, elegir el mejor tratamiento posible para el paciente y, posteriormente, que su vida se convirtia en un regalo, como una joya preciosa. Me encantó el símil. Me gustó tanto que pensé que podía trasladarse también al camino espiritual.

Partícula extraña, proceso de transformación y joya preciosa (un proceso espiritual)

La partícula extraña a la que nos referimos, en el camino espiritual, son los obstáculos que nos encontramos casi día a día. Estos nunca dejarán de sucederse, es imposible que desaparezcan, lo que podremos hacer es cambiar nuestra reacción a ellos, es decir, como hace la concha, cuidar esa partícula con nuestros mejores “cristales” y cuidarla. Reconocer que los problemas están ahí, ocuparnos de ellos, en vez de preocuparnos.

Una vez hecho esto, se inicia el proceso de transformación, como se dice: hay que darle tiempo al tiempo. Nada sucede de la noche a la mañana ni existen fórmulas mágicas. Poco a poco se va transformando, se va haciendo la alquimia y conseguimos que esos obstáculos se conviertan en oportunidades que nos brinden una mayor sabiduría, un bienestar mayor, una superación personal y una paz interior.

La joya es el resultado. En este caso, el resultado sí se va viendo durante el proceso, al igual que la perla va creciendo dentro de la concha. Nuestro trabajo va dando resultado, poco a poco, con paciencia pero con perseverancia, con puño de hierro pero con guante de seda. Así es como se consigue.

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