La historia de Kerstin

Le he pedido a mi amigo David que me escriba sobre la historia de Kerstin, una chica alemana que es un ejemplo de superación. Se ha extendido un poco en el prólogo (síntoma de que le gusta mucho hablar) y ha obviado muchas cosas, (como que los cafés siempre los pagaba yo 🙂 ) Pero es una persona dispuesta a ayudar a quien sea, sin miramientos, rápido y lo que haga falta. Eso hizo que nos hiciéramos amigos, durante un tiempo que pasé en el extranjero. Pero dejaré que sea él quien lo cuente:

La historia de Kerstin

Conocí a Fran hace algunos años ya, cuando entré a trabajar en una empresa. Malar, una amiga de la india, me había conseguido el trabajo.

Me tocaba despertar minutos antes de las 4. La alarma me hacía saltar de la cama y a empezar la carrera del día. Tantas veces corrí como alma que lleva el diablo para alcanzar el bus de las 3.50AM. El mismo bus que tantas otras veces me recordó que no había nacido para corredor. Nuestro turno empezaba a las 4 de la mañana. Yo llegaba del barrio de Lindenhof donde vivía con Max, un amigo ruso. Fran, que ya tenía trabajando un tiempo esa empresa, venía de más lejos.

Recuerdo el primer día. Llegué al sitio y la supervisora, una señora italiana, me abrió la puerta. Las puertas de la tienda eran de vidrio así que desde afuera ya había visto al grupo de gente que trabajaría conmigo.

Mis colegas.

No eran muchos, pero eran.

La mayoría inmigrantes como yo, a los que nos venían siempre bien algunos euros, aunque sean solamente 2 o 3 veces por semana.

¿Tu eres David Ayvar? -preguntó ella
Si – respondí yo

Abrió la puerta y me dejó entrar. Me uní al grupo de gente que ya estaba de pie, adentro, formando un semi circulo alrededor de la supervisora que daba instrucciones. Entre ellos estaba Fran. Con su cabello negro corto y lacio y esa mirada de niño que algo se trae. Que algo trama.
Además de Fran habían gentes de distintos países. Todos países pobres, claro. Y uno o dos alemanes que sabe Dios como terminaron ahí. Sabe Dios.

Fran era el tipo buena onda del grupo. Ya saben que siempre hay uno. Siempre dispuesto a ayudar a todos y yo no fuí la excepción. Casi inmediatamente supe que si tenía alguna duda podía consultarle. Y si el te veía en problemas se apresuraba a ayudarte. Con el tiempo aprendí que Fran había estado varios años en el ejercito español. No sabía que habían buenos tipos en los ejércitos. Creo que ambos somos introvertidos. Tal vez eso ayudó a llevarnos bien fácil y rápidamente. Además que ambos hablamos el mismo idioma. En algún momento me hizo recordar a un personaje del libro de la selva. Nunca se lo dije. Capaz y me pegaba. No creo. Pero igual nunca se lo dije. Ahora se enterará.

De vuelta al trabajo. ¿Para que éramos buenos? Pues yo, con mi MBA y todo, y Fran, con su carrera en los hombros, éramos parcialmente útiles para cargar y desempacar cajas llenas de ropa. Yo odiaba especialmente desempacar los vestidos porque venían envueltos en bolsas plásticas transparentes que lo cargaban a uno de energía estática. Esto es malo pues al colgar los vestidos en los colgadores era casi inevitable tocar partes de metal y recibir una pequeña descarga eléctrica. Pequeña pero constante. Una y otra vez. De 4 a 9 de la mañana. Las odiaba. A muchos no les molesta, pero yo no las soportaba. Les tenía miedo. Pero trataba que nadie se de cuenta. Necesitaba el dinero.

Mientras yo me electrocutaba, Fran andaba en algún otro lugar. A veces nos tocaba trabajar en la misma tarea, a veces no. Pero él siempre se veía contento. Como quien no tiene problema alguno. Poco a poco lo fui conociendo más, y por supuesto que tiene problemas. ¡Él en sí mismo en un problema! Jajajaja. Una broma 😊 Aprendí muchas cosas de Fran.

El primer día de trabajo llegó a su fin. Eran casi las 9 de la mañana y ya había amanecido, Fran me invitó a tomar un café. Había un bakery en la misma calle, la Planken Street. Conversamos y la pasamos bien un rato. El tenía que regresar a casa y yo tenía que ir a la biblioteca a ver chicas. Eventualmente pasamos de los cafés en cafeterías y a los desayunos en el comedor universitario. Habían muy buenos precios allí y nosotros comíamos bastante. Teníamos hambre. El detalle está en que solo alumnos podían acceder al comedor universitario. Y nosotros no éramos estudiantes sino más bien una suerte de jornaleros de ocasión.

No sé como, pero Fran se las había ingeniado para tener un carnet que era aceptado para pagar precios de estudiante. Así que después del trabajo nos íbamos al comedor universitario a tomar nuestro desayuno de un poco más de dos euros. Consistía en una bandeja con una tasa grande de café, jugo de frutas (artificial claro), cereal con leche o yogurt, miel o mermelada, o ambas, un croisant o un pan con jamón y queso. Fran no siempre comía todo, así que a veces le pedía que de todos modos llene su bandeja. Yo me comería el resto.

Con el tiempo la amistad fue creciendo. Nos hemos tomado unas cervezas. Conocimos a Erick. Fundamos el club del Frühstuck (desayuno en alemán). Salimos a correr, conocimos a su esposa y hasta se nos hizo papá en la historia que nos tocó construir en la Alemania que nos tocó vivir.

Todos tenemos historias paralelas. Y lo que no sabe Fran es que por esos mismos días yo intentaba aprender el idioma, y que después de alguno de nuestros desayunos me encontraría con Lara, en otra cafetería: Café Sammo. Una cafetería más “ficha”, como se dice en Perú para referirse a algo más “high class” y a donde solamente van los que tienen dinero (fichas). Claro que en ese momento cualquiera que tuviese más de dos euros para el desayuno era más ficho que cualquiera de nosotros. Tarea fácil ser ficho en ese contexto.

Lara es alemana y me ayudaba con el idioma. Me ayudó mucho. Yo le ayudaba con el español también. Ella sabía que yo andaba buscando algún trabajo de medio tiempo que me pudiera proveer algún ingreso extra. Y fue entonces cuando me comentó de Kerstin. Una chica con discapacidad que necesitaba gente personal de ayuda. Yo no tenía muy claro que esperar pero era una fuente más de ingreso, así que me apunté para la tarea. Y así fue que conocí a Kerstin, para quien estoy constantemente buscando ayuda, y el motivo principal de este articulo.

Déjame que les cuente de Kerstin

Kerstin es una chica maravillosa que vino al mundo con un solo -gran- problema: no poder moverse por si misma.

Ella vive en Alemania, en el centro de la ciudad de Mannheim, también conocido como “die Quadrate”. Es un lugar muy conveniente para ella pues está muy cerca de la estación de tren y otros lugares populares donde uno puede pasar el rato con sus amigos. El río Neckar está también cerca, la torre de agua (“Wasser Turm”) y otros lugares populares están en los alrededores de su casa.

A pesar de las claras dificultades, me gusta pensar en Kerstin como una persona simplemente diferente. Alguien que nació con habilidades que no están hechas para nuestro entorno. Pienso en ella como una sirena fuera del mar. Una sirena no podría caminar. Probablemente tampoco podría hablar con normalidad porque sus cuerdas vocales están hechas para trabajar sólo bajo el agua. Aún así, Kerstin es una sirena que lucha y lo consigue. Y supongo que lo único que quiere es disfrutar del mundo como nosotros, gente común y corriente.

Su Familia:

Kerstin no vive sola. Vive con Frank, (otro Fran, no el de este blog) un buen amigo que siempre está ahí. Él le da compañía y siempre recibe con agrado a la gente que viene a visitarla. Si la visitas, él será la primera persona que conozcas. Parece serio, pero una vez que lo conoces, es mucho más relajado de lo que parece.
Los padres de Kerstin viven también en Mannheim, en un barrio a 20 minutos del centro de la ciudad. Algo interesante sobre Kerstin es que tiene hermanos. ¿Qué es lo interesante? Pues que Kerstin tiene una hermana gemela!

La hermana de Kerstin no es una sirena, sino una chica normal. Ya está casada y no vive en Mannheim.

Su condición:

Kerstin tiene problemas congénitos (nació con ellos). No puede mover las piernas y tiene dificultades para mover los brazos y las manos. Un problema en su garganta hace las cosas un poco más difíciles, pero como dije antes, ella se las arregla para superar los obstaculos.
Su mamá dice que, a pesar de los problemas, “podríamos decir que Kerstin tiene suerte, ya que puede ver, hablar y oír”. Además, la tecnología ayuda mucho. ¡Incluso puede hacer llamadas telefónicas cuando es necesario! Kerstin es realmente impresionante.
“La discapacidad más grave es la física” -añade su mamá
Y mientras lo dice, no puedo evitar pensar en el privilegio que tengo de poder moverme por mi mismo. Kerstin no tiene daño mental pero pensar en una cura es una utopía. Necesitará ayuda toda su vida.

Su rutina:

Los días de Kerstin son muy similares a los nuestros. La única diferencia es que ella necesita más tiempo para hacer lo que nosotros podemos hacer en minutos. Sus mañanas son bastante ocupadas porque necesita lavarse, vestirse y prepararse para el día. Por supuesto, hay una persona que le ayuda a hacerlo. Alrededor del mediodía, Kerstin está lista recorrer el barrio. 🙂

Sus días son más activos desde las 2 o 3 de la tarde, y es cuando aprovecha para pasar el rato o conocer gente. Kerstin es súper amigable, divertida, de mente abierta, y especialmente feliz de conocer nuevos amigos y pasar tiempo juntos. Cosas simples como como ir al cine, a un restaurante, ir de compras o simplemente pasear, que es lo que hago cada vez que la visito. Salimos a caminar, charlar, y algunas veces vamos a comer algo; un helado, una hamburguesa o comida china. A ella le gusta mucho la buena comida y le encanta viajar (es su actividad favorita).

Ah, ¡casi lo olvido!, a ¡Kerstin le encanta la Orangina!.

En algún momento, la madre de Kerstin me dijo algo que me llamó la atención: Cuando Kerstin era niña, quería ser maestra de jardín de infantes. ¿Por qué?

Y sus sueños:

¿Sabes por qué? Porque hace muchos años una aspirante a maestra, que solía visitar a Kerstin, decidió llevarla al jardín de infantes local, donde estaba haciendo sus prácticas.
Kerstin tenía 13 años por ese entonces, y fue una experiencia que marcó su vida. A los niños les gustaba su silla de ruedas y jugaban con ella. Ella lo disfrutaba mucho. La aspirante a profesora se dio cuenta de eso y decidió continuar llevándola hasta el final su prácticas. El recuerdo de esos días continúa, aún hoy, dibujando una gran sonrisa en el rostro de Kerstin.

Su madre sólo recuerda a la aspirante a maestra de jardín de infantes como “Frau Weber”:
“Diese Frau hat gesagt: ich schaffe es, dass Kerstin mitkommen kann. Ich mache das. Und sie es gemacht hat” – dice su madre. (“Una persona que dijo que lo haría y no se detuvo hasta que lo hizo.”)
No puedo evitar notar y darme cuenta del enorme impacto que una persona puede tener en la vida de otra.

Me gustaría ser esa clase de persona también y por eso creé “The Domino Idea” . Quiero creer que esa mujer empujó la primera pieza de una secuencia de dominó que ella misma no sabía estaba empezando. Quiero creer que ahora sé cuál es mi papel aquí: Yo soy la segunda pieza. Y todo lo que tengo que hacer es empujar la siguiente.

Y tal vez.

Sólo tal vez, entre las personas que están leyendo esto, puedo estar la tercera pieza.

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