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    El flow

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    Mucho antes de que se hablara del Mindfulness, ciertos especialistas hablaban de un estado de flow (flujo en español). Realmente no es incompatible con ninguna definición de Mindfulness si bien podría integrarse en un estado de atención plena, pero existen unos detalles importantes que me gustaría mencionar. Daniel Goleman, psicólogo y antropólogo lo detalla a la perfección en su libro Inteligencia Emocional.

    El estado de flow

    El “flow” o flujo aparece en esa zona en la que una actividad exige a la persona el uso de todas sus capacidades y es por ello por lo que, en la medida en que aumenta la destreza, también lo hace la dificultad de entrar en el estado de flow. Si una tarea es demasiado sencilla resulta aburrida y si, por el contrario, es más compleja de la cuenta, el resultado es la ansiedad. Podría objetarse que la maestría en un determinado arte o habilidad se ve espoleada por la experiencia del flow, que la motivación a hacerlo cada vez mejor —ya se trate de tocar el violín, de bailar o del más especializado trabajo de laboratorio— consiste en permanecer en flow mientras se lleva a cabo.

    El estudio de Csikszentmihalyi

    En un estudio efectuado sobre doscientos artistas dieciocho años después de que terminaran sus estudios, Csikszentmihalyi descubrió que aquéllos que en sus días de estudiante habían saboreado el puro gozo de pintar eran los que se habían convertido en auténticos pintores, mientras que la mayor parte de quienes habían sido motivados por ensueños de fama y riqueza abandonaron el arte poco después de graduarse.

    La conclusión de Csikszentmihalyi es clara: «por encima de cualquier otra cosa, lo que los pintores quieren es pintar. Si el artista que se halla frente al lienzo comienza a preguntarse a cuánto venderá la obra o lo que los críticos pensarán de ella, será incapaz de abrir nuevos caminos. La obra creativa exige una entrega sin condiciones»

    El rendimiento en el estado de flow

    Del mismo modo que el estado de flow es un requisito para el dominio de un oficio, una profesión o un arte, lo mismo ocurre con el aprendizaje. Al margen de lo que digan los tests de resultados, el rendimiento de los estudiantes que entran en flow al estudiar es mayor que el de quienes no lo hacen así. En resumen, los estudiantes más aventajados tienden a estudiar porque ello les pone en flow, pero, por desgracia, los menos aventajados no entran en flow con el estudio, lo cual limita el alcance de las tareas intelectuales de las que disfrutarán en el futuro.

    Howard Gardner, el psicólogo de Harvard que desarrolló la teoría de la inteligencia múltiple, considera el flow y los estados positivos que lo caracterizan, como parte de una forma más saludable de enseñar a los niños, motivándolos desde el interior en lugar de recurrir a las amenazas o a las promesas de recompensa:

    «Deberíamos utilizar los mismos estados positivos de los niños para atraerles hacia el estudio de aquellos dominios en los que demuestren ser más diestros. El “flow” es un estado interno que significa que el niño está comprometido en una tarea adecuada. Todo lo que tiene que hacer es encontrar algo que le guste y perseverar en ello. Cuando los niños se aburren en la escuela y se sienten desbordados por sus deberes es cuando se pelean y se portan mal. Uno aprende mejor cuando hace algo que le gusta y disfruta comprometiéndose con ello».

    flow
    El agua fluye siempre con destreza

    El flow surge en aquellas áreas que nos son más afines

    Hablando en términos más generales, el modelo del flow sugiere que el logro del dominio en cualquier habilidad o cuerpo de conocimientos debe tener lugar de manera natural en la medida en que el niño se ocupa de las áreas en las que espontáneamente se siente más comprometido, es decir, que más le gustan.

    Esta pasión inicial puede ser la semilla de niveles superiores de éxito en la medida en que comience a comprender que seguir en ello —ya sea la danza, las matemáticas o la música— constituye una fuente del gozo del flow. Y puesto que ello pone en juego los límites de su propia capacidad de sostener el estado de flow, se convierte en una motivación para hacerlo cada vez mejor, lo cual hace feliz al niño. Este, evidentemente, es un modelo más positivo de aprendizaje y educación que el que solemos encontrar en la mayor parte de las escuelas. ¿Quién no recuerda la escuela, al menos en parte, como un interminable desfile de horas de aburrimiento puntuadas por momentos de gran ansiedad? Tratar de que el aprendizaje se realice a través del flow constituye una forma más humana, más natural y probablemente más eficaz de poner las emociones al servicio de la educación.

    En un sentido amplio, canalizar las emociones hacia un fin más productivo constituye una verdadera aptitud maestra. Ya se trate de controlar los impulsos, de demorar la gratificación, de regular nuestros estados de ánimo para facilitar —y no dificultar— el pensamiento, de motivarnos a nosotros mismos a perseverar y hacer frente a los contratiempos o de encontrar formas de entrar en flow y así actuar más eficazmente, todo ello parece demostrar el gran poder que poseen las emociones para guiar más eficazmente nuestros esfuerzos.

    El flow en las artes

    Como decíamos al principio del artículo, podemos ver perfectamente ese estado de flow en muchas artes, ya sea danza, música o incluso algún deporte. Son muchos los profesionales que se distinguen de otros por algo que no sabemos definir, pero es ese estado de flow que fluye (valga la redundancia) en él. Está concentrado, está disfrutando y está logrando un alto desempeño. Dicen, los que han visto a jugar a Michael Jordan, que era una delicia como se movía, también decían lo mismo de Mohamed Alí. Actualmente Olga Smirnova está considerada como la mejor bailarina del mundo y ver una actuación suya hace parecer que el tiempo se detiene, entra (y entramos) en estado de flow.

    Fuente: Inteligencia emocional de Daniel Goleman
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