Las Cuatro Nobles Verdades

  1. Inicio
  2. Budismo
  3. Las Cuatro Nobles Verdades
Las Cuatro Nobles Verdades

La exposición de las Cuatro Nobles Verdades, sin lugar a dudas, constituye el núcleo de la enseñanza y práctica budistas. El Buda hubo enseñado esta doctrina tanto en su primer sermón después de haber alcanzado la Iluminación, como en su última prédica transcrita en el Mahaparinibbana Sutta (El Discurso sobre los últimos días del Buda), sin mencionar las numerosas ocasiones, durante su casi cincuentañal ministerio, en las que hubo vuelto a hacer referencia sobre este mismo tema. Sin embargo, es el Dhammacakkappavattana Sutta (el Discurso sobre la puesta en movimiento de la Rueda de la Verdad), la transcripción del primer sermón del Buda luego de su Iluminación, la que se constituye en la principal referencia sobre este tópico.

Las Cuatro Nobles Verdades con el Óctuple Sendero forman parte de un sermón que fue expuesto por el Buda, según la tradición, en Sarnath, inmediatamente después de haber alcanzado la Iluminación y fue dirigido a sus cinco ex-compañeros de la vida ascética.

Las Cuatro Nobles Verdades, tal como fueron formuladas por el Buda, son las siguientes:

  1. La Noble Verdad del sufrimiento o insatisfacción.
  2. La Noble Verdad del origen del sufrimiento.
  3. La Noble Verdad de la extinción del sufrimiento.
  4. La Noble Verdad del Sendero que lleva a la extinción del sufrimiento.

La Noble Verdad del sufrimiento o insatisfacción (dukkha, en pali).

La Primera Noble Verdad del Buda se refiere a la realidad de la vida plagada de sufrimientos e insatisfacciones. Es un postulado que reconoce el carácter universal de este mal.

En su primer sermón, Gotama lo expresó de la siguiente manera:

He aquí, oh monjes, la Noble Verdad del Sufrimiento. El nacimiento es estresante, el envejecimiento es estresante y la muerte es estresante. La tristeza, el lamento, el dolor, la angustia y la desesperanza constituyen el sufrimiento. El estar ligado a lo indeseable significa sufrimiento, pero el hecho de tener que separase de lo deseable también es sufrido. Finalmente, cuando no se obtiene lo deseado, se sufre (Dhammacakkappavattana Sutta).

En otras palabras, esta verdad considera el hecho fundamental ligado de manera inherente a todas las cosas del mundo, según el cual la vida, en todas sus dimensiones, resulta insatisfactoria para la mayoría de las personas. Obviamente, a los males mencionados en el arriba citado fragmento, se podrían agregar muchos otros ejemplos que a menudo experimentamos en nuestras vidas, pero lo que Buda quiso enfatizar era el carácter general de esta experiencia. La universalidad del sufrimiento, se manifiesta, por ejemplo, en que en la India de la época de Buda, las personas sufrían de la misma manera que sufren hoy en día en América Latina o en cualquier parte del mundo. Este hecho nada tiene que ver con las posesiones materiales u otros aspectos que hacen a la estratificación social.

Si alguien pregunta ¿qué tienen en común el mendigo que duerme debajo del puente de Tamesis en Londres y la Reina de Inglaterra que descansa en su palacio, tan sólo unos pocos kilómetros de aquel lugar? la respuesta sería que ambos, a pesar de la enorme distancia social que los separa, comparten el mismo hecho de tener que sufrir: quizá en diferentes grados y de maneras distintas, pero lo cierto es que ninguno de los dos se escapa de este sentimiento de insatisfacción y desesperanza que, tarde o temprano, nos llega a todos.

Esta Primera Noble Verdad no debe ser comprendida como un principio filosófico metafísico abstracto, sino como una realidad concreta que todos compartimos y experimentamos en la vivencia cotidiana. El enfoque de Buda sobre la universalidad del sufrimiento puede parecer muy pesimista, a primera vista, pero hay que señalar que la palabra dukkha , la cual se traduce generalmente como “sufrimiento, en pali significa literalmente «incapaz de ser satisfecho» y se refiere al mundo de los sentidos, que manifiesta una crónica imposibilidad de llenar el corazón del hombre de una completa felicidad.

En numerosas ocasiones el Buda hace referencia al sufrimiento inherente a la vida. Una de las fuentes budistas más antiguas y apreciadas es “Dhammapada” (Los Versos de la Verdad), la cual empieza con el siguiente afirmación:

“La mente precede todo lo que puede ser conocido. La mente es su fundamento y le da forma. Si uno habla o actúa con una corrompida e impura, el sufrimiento le seguirá de la misma manera que la rueda sigue la pezuña del buey” (Dhammapada 1,1).

Finalmente, debemos notar que lo que expresa esta sentencia es que «el sufrimiento está presente en el mundo de manera universal», y no que «yo estoy sufriendo». A primera vista, la diferencia entre ambas expresiones no parece ser demasiado importante pero, como veremos a continuación en los siguientes capítulos, la misma va a adquirir mucha relevancia a la luz de una de las principales enseñanzas budistas sobre la no existencia real del «yo» o del «alma» (anatta ): mientras que la primera afirmación sólo constata el hecho de la existencia del sufrimiento, la segunda se identifica con él. De hecho, una de las principales características de la meditación budista consiste precisamente en mirar nuestros estados de ánimo como si en realidad no nos pertenecieran, no identificarse con ellos: «he aquí que hay un sentimiento de angustia, alegría, dolor, pena, gozo, aburrimiento, emoción, etc. Cada uno aparece, dura un tiempo y se desvanece. Unos duran más, otros menos, pero yo, en esencia, no soy este sentimiento, ni tampoco el otro, no me identifico con ninguno».

Otros creen que el hecho de elevar el sufrimiento al estatus de una «Noble Verdad» parece muy de mal gusto y que sería mucho mejor olvidarse de él por completo: en vez de centrarse en penas y frustraciones, enfatizar lo positivo, lindo y alegre de la vida. ¿Por qué no hablar de la belleza y de los placeres, en vez de ocuparse del envejecimiento, dolores y angustias? Para el hombre moderno es espantoso hablar de estos temas, por eso prefiere evitarlos u olvidarse de ellos. El hombre tiende a eliminar todo lo que en su camino encuentra molesto: tal como extermina los mosquitos con el spray, pretende eliminar las penas con unos tragos, buenos chistes o ceremonias religiosas. El Buda simplemente llama la atención que este método de enfrentar los problemas es ineficaz: los mosquitos siempre vuelven. De lo que se trata, sin embargo, no es luchar contra el sufrimiento sino comprenderlo: examinar su naturaleza y su origen, para luego, sobre esta base, poder liberarse del mismo.

Para entender el sufrimiento necesitamos investigarlo o, por lo menos, mirarlo de frente. Observar hasta las más mínimas insatisfacciones diarias: irritaciones, desilusiones, nerviosismos, decepciones y otros. Ser conscientes de ellas y convertirlas en objeto de nuestro entendimiento. Pero, ¿qué tanto podemos aprender observando el sufrimiento? Pues, antes que nada, podremos descubrir su origen, lo que no es poco, pero de este tema ya se ocupa la Segunda Noble Verdad del Buda.

La Noble Verdad del origen del sufrimiento.

Esta Noble Verdad hace referencia a la causa u origen del sufrimiento.

He aquí, oh monjes, la Noble Verdad del origen del sufrimiento: el deseo que produce el continuo llegar a ser, acompañado por la codicia de los placeres, y que encuentra siempre algún nuevo deleite aquí y allá, es la causa del sufrimiento. El deseo puede ser por los placeres sensuales, por la existencia como también por la no existencia (Dhammacakkappavattana Sutta).

El sufrimiento, según se desprende de estas palabras del Buda, está causado por el apego a las diversas clases de deseos. En el citado pasaje se mencionan tres tipos de deseos. El primero consiste en lo que se denomina «el deseo de los placeres sensuales”. Es un tipo de deseos fácilmente experimentable y que no requiere de muchas explicaciones: cuando, por ejemplo, tomamos un bocadito de una de nuestras comidas favoritas de un sabor delicioso, podemos fácilmente observar cómo inmediatamente nace el deseo de disfrutar un segundo bocado. Estamos hablando de una experiencia cotidiana de la cual no hace falta filosofar demasiado: simplemente, probar algo delicioso en una pequeña cantidad y observar lo qué ocurre en nuestro interior. Éste, podría ser un simple ejemplo de lo que es un “deseo de los placeres sensuales”.

En segundo lugar, el Buda menciona el «deseo por la existencia» que se manifiesta a menudo cuando experimentamos aquellos deseos de llegar a ser alguien quien todavía no somos o lograr algo que aún no obtuvimos. Ambicionamos cosas, nos esforzamos por ser valorados y reconocidos en la sociedad, buscamos riquezas, deseamos avances laborales, en suma, queremos llegar a ser algo diferente de lo que actualmente somos.

Esta situación, de acuerdo con la concepción budista, necesariamente nos lleva a experimentar las desilusiones y, consecuentemente, reparar en el tercer tipo de deseos, llamado el «deseo por la no existencia», o sea, el de “dejar de ser” o “dejar de sentir”. Quiero ser libre de la angustia, libre de celos y ansiedades, quiero conquistar mi ira, enojo o cualquier otro mal que me acosa. De esta manera, continuamente experimentamos los diferentes tipos de deseos mencionados por Buda en esta Segunda Noble Verdad.

Hay que señalar, sin embargo que, según la enseñanza budista, no es el mismo sentimiento del deseo que crea en nosotros el sufrimiento, sino nuestro apego a él. El deseo por sí solo no produce el sufrimiento, solamente lo hace nuestra habitual costumbre de aferrarse a nuestras pretensiones y apetitos. Cuando tenemos hambre, es perfectamente natural que aparezca el deseo de comer. Tampoco, aparentemente, podemos evitar que aparezcan en nosotros otros deseos, por ejemplo, los de querer ser más ricos, más saludables, menos gordos o menos calvos, más inteligentes, más simpáticos y todo lo demás que podamos imaginarnos. Estos deseos, en sí mismos no pueden causarnos sufrimientos, ni perjudicarnos de modo alguno, salvo que procedamos a hacer con ellos una de las dos cosas: los abracemos con estima como parte de nuestra naturaleza o nos reprochemos su existencia, decidiendo hacerles frente y eliminarlos de nuestra mente. Lo que deberíamos hacer es, en vez de esto, es simple y meramente reconocer que semejantes deseos existen, pero sin identificarnos con ellos: no regañarnos por su existencia, pero tampoco apegarse ellos.

La Noble Verdad de la extinción del sufrimiento.

En la Tercera Noble Verdad el Buda explica en qué consiste el cese del sufrimiento.

He aquí, oh monjes, la Noble Verdad sobre la extinción del sufrimiento que consiste en abandonar el deseo. El total cese, la total extinción y liberación del deseo ocurre cuando lo abandonamos y renunciamos a él de manera total (Dhammacakkappavattana Sutta).

El camino hacia la liberación del sufrimiento empieza como un estado mental, capaz de percibir claramente la relación causal existente entre el apego a los deseos, por un lado y el sufrimiento, por otro lado. En ningún caso se debe tratar esta verdad –tampoco ninguna otra, claro está- como si la misma fuera un dogma que debe ser aceptado a través de la fe ciega. Antes bien, la misma debe convertirse en una experiencia personal basada en una perspicaz observación del mundo y de uno mismo. Las técnicas de meditación que el budismo desarrolló como su principal actividad espiritual, podrían ayudar a cumplir con este objetivo, pero de igual manera, cada uno de nosotros debería aprender a observar de qué manera el apego a las cosas materiales, a las ideas que defendemos muchas veces con excesiva vehemencia, las actitudes o las costumbres ocasionan el sufrimiento.

Cuando descubrimos que todos los objetos de nuestro aprecio terrenal conllevan consigo el inconfundible sello de la insatisfacción e impermanencia, nuestro apego puede verse disminuido y con ello, también el sufrimiento. Todos nuestros placeres tienen carácter finito: todo lo que vemos, escuchamos, tocamos, probamos, pensamos o sentimos es finito, pasajero y perecedero; en otras palabras, está destinado a desaparecer, a morir. En este sentido, podría decirse que cuando abrazamos dichos placeres abrazamos la muerte y si no lo contemplamos con suficiente perspicacia o no lo entendemos, entonces llegamos a una situación absurda, en la cual pretendemos ser verdaderamente felices mediante cosas que sólo pueden ofrecernos desilusión, desesperación y decepción.

El camino hacia la liberación del sufrimiento equivale a abandonar el apego a los deseos.

Los versos del “Dhammapada” así describen al hombre que sigue este camino:

Se esfuerza por permanecer atento. A ningún lugar se apega. Como cisne que deja su lago, abandona un lugar tras otro y se marcha. No acumula cosas y es moderado en su alimentación. Su meta no es otra que la libertad incondicionada. Así como el curso de los pájaros en el aire es imperceptible, así el sabio no deja huellas en su caminar” (Dhammapada 7,91-92).

Una de la principales metas de la meditación budista es permitir que aquellos sentimientos que anteriormente tratábamos de ocultar o esconder en lo más recóndito de nuestra mente, ahora afloren con toda la claridad: si estamos desesperados o angustiados por las cosas materiales, si sentimos el temor del fracaso profesional, el odio o el rencor hacia personas más exitosas, etc., pues no huyamos más de semejantes sentimientos, sino más bien, estemos clara y perfectamente conscientes de ellos. Este camino, a primera vista, no parece muy atractivo debido a que, generalmente, estamos acostumbrados a estándares espirituales muy elevados: el hecho de sentir envidia, irritación u odio, desearle a alguien mal, simplemente no debería ocurrir a una persona “buena”, la cual nos consideramos.

Pero el hecho de estar conscientes de lo que nos pasa, es sólo la mitad del camino: la segunda mitad consiste en no permitir que todo lo anterior nos envuelva en un sentimiento de culpa, sino más bien en observar cómo dichos sentimientos se originan, se desarrollan y finalmente, cesan sin que haya algo que nos permita identificarlos como nuestra propia esencia. Es como convertirse en un testigo imparcial de todo lo que pasa en nuestro alrededor y dentro nuestro. Ser un testigo imparcial que todo lo observa, sin juzgar ni alabar nada. Finalmente, esta actitud nos permitirá apegarse cada vez menos a nuestros deseos, verlos cada vez más como algo extraño y distante; a la larga, va a disminuir nuestro sufrimiento o, quizá por qué no, va a cesar por completo.

Por último, debemos hacer en este momento una clara advertencia, que consiste en lo siguiente: es mucho más fácil comprender intelectualmente lo expresado anteriormente que descubrirlo y experimentarlo en la práctica. Es precisamente por eso, que hay que avistar el camino de meditación budista no como una solución instantánea y milagrosa, realizada mediante alguna poderosa fuerza externa, sino como un lento y paciente aprendizaje, capaz de desarrollar el potencial escondido en cada uno de nosotros para autoayudarnos y liberarnos de culpa y pena.

La Noble Verdad del Sendero que lleva a la extinción del sufrimiento.

La Cuarta Noble Verdad consiste en la especificación de los ocho pasos que conducen a la completa liberación del sufrimiento, por lo cual, esta Verdad se conoce también bajo el nombre de Óctuple Sendero.

He aquí, oh monjes, la Noble Verdad del sendero, cuya práctica conduce a la extinción del sufrimiento, más precisamente el Noble Óctuple Sendero: Correcta visión, correcta intención, correcta forma de hablar, correcta acción, correcto medio de vida, correcto esfuerzo, correcta atención consciente y correcta concentración (Dhammacakkappavattana Sutta).

Tradicionalmente, estos ocho pasos suelen agruparse en tres diferentes secciones, de la siguiente manera:

Primera sección: pasos concernientes al desarrollo de la sabiduría (pañña, en pali):

1. Recta visión o comprensión

2. Recta intención o resolución

Segunda sección: pasos referentes a la moral o desarrollo de la virtud (sila, en el lenguaje pali):

3. Recta forma de hablar

4. Recta acción

5. Recto medio de vida

Tercera sección: pasos relacionados con el desarrollo de la concentración (samadhi, en pali):

6. Recto esfuerzo

7. Recta atención consciente

8. Recta concentración

Para saber más del Noble Óctuple Sendero, pincha aquí.

El Noble Óctuple Sendero

 

Texto escrito por el Dr. D. Antón Barón

Reproducido con permiso del autor.

Publicado inicialmente en https://www.bosquetheravada.org/

Menú