La sabiduría de “El Principito”

El Principito es un libro que tendemos a asociarlo a los niños, sin embargo explica muchos temas importantes de la actualidad. Es un libro maravilloso para despojarse de muchas etiquetas que tenemos prefijadas y que nos ayudará en nuestra inteligencia emocional.

¿Qué es “El Principito”?

Es un relato que se publicó en 1943, curiosamente en inglés y francés. Aunque sea contradictorio hablar de fechas y de números al escribir sobre un libro que critica a los adultos, los cuales muchas veces se basan en estas cosas para construir un juicio. Sin embargo, no está de más recordar que fue escrito e ilustrado por el aviador francés Antoine de Saint-Exupéry y que cuenta con más de 140 millones de copias vendidas en todo el mundo y traducido a más de 250 idiomas.

Este libro se ha convertido en el libro francés más leído y traducido de todos los tiempos y es, sin duda alguna, uno de los tratados de sabiduría más profundos y conmovedores que jamás se hayan escrito. En esta historia se habla, usando frases y palabras sencillas, de los temas más profundos relacionados con la condición humana.

De forma inocente y simbólica, estos temas se explican a través de los personajes que El Principito conoce durante su viaje. Después de que éste deja su pequeño planeta, con sus tres pequeños volcanes, debido a las dificultades surgidas con una hermosa pero orgullosa rosa.

Durante su viaje, El Principito, descubre que la mayoría de los adultos se encuentran encerrados en una especie de arremolinado sueño hueco, en el cual llevan a cabo labores fútiles y acciones inútiles. Ya que se han olvidado de amar y admirar lo que los rodea; ya que ninguna poesía de la naturaleza los conmueve ni sorprende.

Reflexiones que se encuentran en El Principito

A continuación te muestro algunos de los mensajes más bonitos y cargados de sentimientos que tiene «El Principito»:

Aprender a acercarse al otro.

Hay episodios sensacionales en el libro. Como cuando el zorro, después de sondear al chico, se queda mirándolo un largo rato y le dice “domestícame”. La primera vez que lo leí sentí esa emoción que sobreviene cuando se experimenta el poder de una revelación. Esa “domesticación” en la que los personajes se jugaron, era sobre todo una manera de tacto y de paciencia: aprender a acercarse hacia al otro. Nada qué ver con lo que presenciamos en estos agitados tiempos.

«Eres responsable para siempre de todo lo que has domesticado» Las relaciones entre las personas se hacen y deshacen con una facilidad que a veces resulta abrumadora. Los lazos afectivos parecen haber adquirido una cierta impronta industrial. Las relaciones se valoran por su utilidad y se desechan cuando no son muy rentables. Esto vale principalmente para las relaciones de pareja, que resultan altamente inestables hoy en día. No parece haber mucho interés en hacer ese recorrido de “domesticación” del que habla el personaje principal con el zorro.

El acercamiento es a veces visto como una actividad obsoleta, ¿para qué esperar?, dicen muchos. Hay una cierta voracidad que se expresa como el ansia de beberse al otro de un solo sorbo. Pero el encuentro pausado, consciente y sincero no entiende de prisas, sino de reconocimiento y respeto.

La importancia de los rituales.

«¿Que es un rito? Es lo que genera que un día sea distinto de los demás y un tiempo de las otras» En ese mismo pasaje este relato, hace que suene inspirador el tema del ritual. “Algo muy olvidado por los hombres”, dice el zorro. Agrega que los ritos son una forma de hacer que un instante no se parezca a otro, que los momentos especiales alcancen su verdadero valor. No en cualquier tiempo, ni de cualquier forma. Los ritos hacen que el corazón pueda prepararse para sentir con toda intensidad lo que viene.
Que los sentidos estén atentos. Que la mente esté abierta a la maravilla.

Esto tampoco parece tener mucho lugar en los tiempos que corren. Los rituales tienden a estandarizarse. Hemos convertido los rituales en ocasiones para el consumo. San Valentín o la Navidad tienen más que ver con compras, obsequios y relaciones públicas que con verdaderas conmemoraciones. Los comercios tienen incluso planes prediseñados para la ocasión, a los que nos adaptamos sin interrogar mucho por su verdadero sentido. Los rituales consiguen que nuestro corazón lata con mayor fuerza, solo si incluyen alguna suerte de descubrimiento. Cuando es el momento para dar un nuevo paso en esa meta hacia lo inexplorado del mundo de otro ser humano, o de un grupo de individuos, que tienen verdadera importancia en nuestra vida. Cuánta felicidad dejamos de experimentar por las prisas y los automatismos. Nada tiene sentido por sí solo.

Algo muy hermoso en este capítulo de El Principito es el significado del sentido y del adiós.

Por paradójico que parezca, la separación es la columna vertebral en ese recorrido de acercamiento…

¿Para qué “domesticar” a otro, si al final estás de paso y en algún momento tendrás que irte? “No has salido ganando mucho”, le dice el niño al zorro. Pero éste, nuevamente descifra la contradicción: “Gano a causa del color del trigo”.

No se interpreta tanto al dorado de los trigales de los campos, es al color del cabello de su nuevo compañero. Desde un principio el zorro había advertido que ese trigo, que antes no significaba nada, con la “domesticación” iba a convertirse en un rumor que le recordara el paso de su vida. Los trigales ahora tenían sentido. Una linda metáfora para marcar que el significado del mundo que nos rodea, es otorgado por las vivencias que nos asocian a él. En otras palabras, todo el planeta y aquello que lo compone, no tiene sentido por sí solo. Su valor y su razón de ser se lo entrega cada persona.

Por eso aquello de que “nada tiene sentido” es literalmente cierto. El sentido se lo entregas tú. Como en el relato, muchas veces se muestra como el eco de aquello que ya no se encuentra. Y finalmente, este capítulo de El Principito termina con una despedida.

Es allí cuando el zorro le entrega su mayor regalo a quien supo domesticarlo: una verdad.

“Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo importante es invisible para la mirada”

El niño lo repite para conservarlo en su memoria. En el libro y en la vida, es así como comienzan los vínculos que perduran siempre.

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