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La verdad sobre Séneca

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El hispano Séneca nació en la actual Córdoba en el año 4. a. C. en una familia noble, con el nombre Lucius Anneus Seneca. Al poco de nacer fue llevado a Roma para que recibiera la mejor educación de la época. Fue uno de los máximos exponentes del estoicismo, rama de la filosofía de la que hablamos recientemente.
Su infancia no fue fácil, pues tenía serios problemas de salud, contemplando hasta el suicidio en varias ocasiones. Siempre lo rechazaba pues pensaba que su padre sería incapaz de soportar su pérdida. Ya en edad adulta, ocupó grandes puestos en la vida pública romana, llegando a ser senador en los gobiernos de los emperadores: Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón. Siendo de éste último su consejero particular. Vivió uno de los periodos más convulsos de la corte romana, la cual había perdido todos los valores que eran tan admirados por sus antepasados, tanto es así que debido a la inestabilidad en el poder se le condenó a muerte, esperándose de él un suicidio que ennobleciera su legado. En el año 65 d.C. moría tras cortarse las venas en la ciudad de Roma. Tras de sí, dejaba múltiples obras consideradas las más importantes de la historia por filósofos posteriores.

El antídoto de Séneca para liberarnos de las preocupaciones inútiles

Séneca, examinó hace siglos nuestra tendencia a centrarnos en los aspectos negativos de las situaciones y preocuparnos excesivamente. Explicaba: “los animales salvajes huyen de los peligros que encuentran en su realidad, y una vez que han escapado, no se preocupan más. Sin embargo, a nosotros nos atormenta el pasado y lo que está por venir. Nuestra ‘bendición’ nos hace daño ya que la memoria nos devuelve la agonía del miedo, mientras que la capacidad de previsión lo provoca prematuramente”.
Se refería a que nuestra mente se encuentra a caballo continuamente entre el pasado y el futuro, entre los errores y desastres que vivimos y los errores y desastres que podrían acaecernos. De hecho, en su correspondencia con su amigo Lucilius, publicada más tarde como “Cartas de un Estoico” llegó a la conclusión de que: “Hay más cosas que pueden asustarnos que aplastarnos; sufrimos más a menudo en la imaginación que en la realidad”.
Luego, con la vista puesta en el hábito humano, a menudo autodestructivo y agotador de prepararnos para un desastre imaginario, nos aconseja: “Algunas cosas nos atormentan más de lo que deberían; otras nos atormentan antes de llegar y otras nos atormentan cuando no deberían atormentarnos en absoluto. Tenemos el hábito de exagerar, imaginar o anticipar la tristeza. 
 
“No seas infeliz antes de que llegue la crisis pues puede ser que los peligros por los que sufres antes de que te amenacen, nunca te alcancen”.
Por supuesto, es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Séneca lo sabía, por eso también analizó la diferencia entre las preocupaciones razonables y las irracionales, mostrándonos la inutilidad de malgastar nuestra energía mental y emocional en estas últimas, perfilando además un camino a seguir:
Es probable que algunos problemas ocurran realmente, pero no es un hecho presente. ¡Cuántas veces sucedió lo inesperado! ¡Cuán a menudo lo esperado no ha sucedido! Y aunque pueda suceder, ¿de qué sirve agotar nuestros recursos para hacerle frente a su sufrimiento de antemano? Sufrirás cuando suceda, así que mientras tanto, mira hacia adelante para intentar mejorar las cosas. ¿Qué ganarás? Tiempo. Mientras tanto, ocurrirán muchos sucesos que servirán para posponer o eliminar el problema. Incluso la mala suerte es voluble. Tal vez viene, tal vez no; mientras tanto, no está. Así que concéntrate en cosas mejores”.
Séneca se esmeró especialmente en advertirnos de que el mayor peligro de la preocupación permanente es que nos mantiene siempre tensos, en guardia contra una catástrofe imaginaria, impidiéndonos vivir plenamente el momento presente. Por eso, su antídoto para aliviar la ansiedad y deshacernos de las preocupaciones es:
La verdadera felicidad es disfrutar del presente sin dependencia ansiosa del futuro, no divertirnos con esperanzas o miedos, sino descansar tranquilos, como el que no desea nada. Las mayores bendiciones de la humanidad están dentro de nosotros y se encuentran a nuestro alcance. Un hombre sabio está contento con su suerte, sea cual sea, sin desear lo que no tiene”.
Por tanto, la clave está en vivir aquí y ahora, sin desarrollar deseos que nos vuelvan excesivamente expectantes y generen incertidumbre por el futuro. Si nos preocupamos hoy por convertirnos en personas más resilientes y echar en la mochila de la vida las herramientas psicológicas que podríamos necesitar, el futuro no debería preocuparnos demasiado, sea cual sea.
Séneca
Manuel Domínguez Sánchez: La muerte de Séneca

No todo lo que reluce es oro en la vida de Séneca:

Sin embargo, aunque en su obra se presenta siempre como estoico, ya en su propio tiempo fue tachado de hipócrita, al no ser capaz de vivir según los principios que propugnaba en su obra.

En efecto, a lo largo de toda su vida fue acusado de haberse acostado con mujeres casadas, y si bien es cierto que muchas veces dichas acusaciones no eran más que meras calumnias, en muchos otros casos parecen haber estado bien fundadas. Además, la estrecha relación con los excesos de Nerón demuestra las profundas limitaciones de sus enseñanzas en cuanto a la templanza y la autodisciplina propias de un estoico. Igualmente, no se explicaría que un verdadero estoico escribiera las cartas que desde su destierro en Córcega envió a Roma rogando, de la forma más servil y humillante, por su perdón. La carta al Senado donde justifica el asesinato de Agripina, ha sido siempre vista como algo imperdonable, y de gran bajeza moral. La carta al Senado donde justifica el asesinato de Agripina, ha sido siempre vista como algo imperdonable, y de gran bajeza moral. Hay que tener en cuenta que la mayoría de las acusaciones fueron hechas po los adversarios políticos de la época.

Robin Campbell, en su libro “Introduction to Letters from a Stoic, 1969.” afirma:

Séneca pasará a la historia como una persona que falló en la tarea de vivir conforme a sus ideales.

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