¿Cómo ser un estoico?

Cuando leí por primera vez, Cómo ser un estoico, del doctor en Filosofía, Genética y Biología Evolutiva, Massimo Pigliucci, me sorprendí enormemente del parecido del estoicismo con el Mindfulness. Llama la atención que tanto en oriente como en occidente se llegaran a conclusiones similares acerca del devenir de la vida, cuando eran sociedades totalmente diferentes. La filosofía se adapta al momento presente.

La trascendencia de la filosofía

Cuando hablamos de filosofía no solo tratamos la budista u otras filosofías orientales. También volvemos a los clásicos y vemos como siempre se ha hablado de una forma de vida ideal en todos los puntos de la tierra. El lenguaje es distinto pero el mensaje es el mismo. Por ello hemos decidido rescatar algunos clásicos y tratar a grandes filósofos, desde Epicteto, Diógenes o Sócrates hasta Confucio, Lao Tse o el mismo Buda.

Un estudio de Katherine Dahlsgaard, Christopher Peterson y Martin Seligman analiza cómo se articula la virtud en el budismo, el cristianismo, el confucianismo, el hinduismo, el judaísmo, el taoísmo y lo que ellos llaman la «filosofía ateniense» (en general Sócrates, Platón y Aristóteles). Descubrieron una cantidad bastante sorprendente de congruencias entre todas estas tradiciones religioso-filosóficas e identificaron seis virtudes centrales:

Valor: fuerza emocional que implica el ejercicio de la voluntad para alcanzar las metas ante una oposición externa o interna; los ejemplos incluyen valentía, perseverancia y autenticidad (honestidad).

Justicia: fuerza cívica que subyace en una vida comunitaria sana; los ejemplos incluyen la ecuanimidad, el liderazgo y la ciudadanía o trabajo en equipo.

Humanidad: fuerza interpersonal que implica «atender y cuidar» a los demás; los ejemplos incluyen el amor y la ternura.

Templanza: la fuerza que protege contra los excesos; los ejemplos incluyen el perdón, la humildad, la prudencia y el autocontrol.

Sabiduría: fuerza cognitiva que implica la adquisición y el uso del conocimiento; los ejemplos incluyen la creatividad, la curiosidad, el buen juicio y la perspectiva (dar consejo a los demás).

Trascendencia: fuerza que forja conexiones con el universo más amplio y que de esta manera proporciona significado; los ejemplos incluyen la gratitud, la esperanza y la espiritualidad.

Cómo ser un estoico en el siglo XXI

Dos mil años después de su fundación el Dr. Pigliucci rescata las enseñanzas sobre cómo ser un estoico, cuyo principal exponente fue Epicteto. Epicteto recordaba que el aspecto fundamental del ser humano es que somos sociales, no solo en el sentido de que nos gusta la compañía de los demás, sino en el sentido profundo de que en realidad no podríamos existir sin la ayuda de los demás; la implicación es que cuando hacemos cosas para el bien de la comunidad, en realidad (aunque quizá de manera indirecta) nos estamos beneficiando a nosotros mismos.

Epicteto decía que debemos hacer lo mejor con las cosas que están en nuestro poder, y tomar el resto como las presenta la naturaleza. Es decir, ocuparnos de las cosas y no preocuparnos. De este modo podemos llevar una vida llena de fluidez y Epicteto decía que este era el mayor logro que puede alcanzar un estoico.

Volviendo a las virtudes, la gran cuestión en este punto no es que el estoicismo tenga razón mientras que otras tradiciones no la tienen, sino que las sociedades humanas que han desarrollado filosofías de vida han llegado repetidamente a una lista sorprendentemente similar de lo que llamamos virtudes. No es por especular sobre si dicha convergencia tiene sus raíces en la evolución biológica inicial de la humanidad, aunque queda claro en los estudios de primatología comparativa que compartimos con otras especies de primates una serie de comportamientos prosociales que solemos llamar «moral».

Dahlsgaard y sus colegas también señalan de pasada que resultados similares a los suyos han aparecido en los pocos estudios existentes sobre las virtudes en las sociedades no literarias; por ejemplo, los inuits del norte de Groenlandia y los masai del oeste de Kenia. Ya sea la biología, la cultura o, con mayor probabilidad, una combinación de ambas, el hecho es que sociedades humanas muy dispares, enraizadas en tradiciones religioso-filosóficas muy diferentes, todas parecen valorar en sus miembros el mismo grupo central de rasgos del carácter, y se trata de los mismos rasgos y actitudes que han estado enseñando los estoicos durante algo más de dos milenios.

Pigliucci propone varios “ejercicios espirituales” o actitudes para aplicar los preceptos de Zenón de Citio al día a día del siglo XXI.

Actitudes que debe tener un estoico:

  1. Templanza. Mantener la calma, no dejarse llevar por las emociones. La razón debe controlar a la emoción.
  2. Anticipación. Debes anticiparte a lo que pueda suceder. De esa forma nada te cogerá por sorpresa y podrás dar un paso antes de que el hecho suceda. Así siempre mantendrás la ventaja.
  3. Autocontrol. Un insulto no hace daño, no te puede partir un brazo. No te puede hacer daño otra persona si no la dejas. Tus emociones depende de lo que tú quieras sentir.
  4. Solidaridad. Ayudar al semejante es la mayor grandeza que un hombre puede hacer. No solo ayudar cuando te sobra sino ayudar cuando de ello también dependa tu bienestar.
  5. Observación. El silencio debe ser la base desde donde surjan tus palabras. No hables por hablar, ni mucho menos te rindas ante los rumores y los cotilleos sobre los demás, eso se volverá en tu contra.
  6. Sabiduría. Dependiendo de las personas con las que te rodees, así será el nivel que te impongas en tu día a día, para poder avanzar debes rodearte de gente sabia.
  7. Humildad. Habla lo mínimo posible sobre lo que hayas logrado en esta vida, solo cuando sea necesario y puedas ayudar a otro con tu experiencia. La humildad es la virtud de los más grandes.
  8. Humor. Cuando te enteres que alguien te critica, puedes decirle que se está quedando corto. Que eres aún peor y que si la gente supiera cómo eres de verdad, te meterían en la cárcel.
  9. Prudencia. Cuando observas a una persona, automáticamente la juzgas, y lo haces con los pocos datos que tienes sobre ella. ¿Qué sabemos realmente sobre lo que está pasando por dentro? No sabemos nada de las circunstancias de los demás, por ello no podemos emitir ningún juicio sobre nadie.
  10. Reflexión. Al caer la noche pregúntate cómo te ha ido el día. Si hay algo que no te gusta, reflexiona sobre ello. Medita de verdad sobre aquello en lo que has actuado mal y al día siguiente no cometerás el mismo error.

Datos sobre el estoicismo

Existe una convención de duración semanal, llamada Stoic Week. En ella los participantes ponen a prueba las virtudes estoicas. Gracias a un estudio realizado in situ en la tercera Stoic Week, se pudo conocer que los datos de los participantes ofrecieron un aumento del 9 por ciento de las emociones positivas, un descenso del 11 por ciento de las emociones negativas y una mejora del 14 por ciento en la satisfacción vital después de solo una semana de práctica.

 

 

Para comprar el libro:

Cómo ser un estoico: Utilizar la filosofía antigua para vivir una vida moderna (Ariel)

 

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